Con el lastimero sonido del dolor de una incipiente urticaria, como una saeta a la Virgen del Rascar, la procesionaria enfila la bajada, ordenada y sin perder el paso. Peludas, en hilera y peligrosas, andan lentamente asustando los visitantes de bosques y parques que buscan un espacio para poder disfrutar.

La Thaumetopoea pityocampa, un nombre altisonante para una oruga pequeña, es la procesionaria del pino, un gusano que se ha extendido como una plaga por parques, jardines y bosques de toda Barcelona y Cataluña. Dar una vuelta por Montjuic, por Nou Barris o por el Parque del Guinardó es ver un camino marcado por las bolsas algodonosas de los árboles, llenas a rebosar de orugas. Un invierno demasiado caluroso, que no ha matado de frío los gusanos, y la poca eficacia de los insecticidas han hecho que se reproduzcan y, a estas alturas, las vemos desfilar como ejércitos urticantes con el peligro que comportan para los humanos y para los perros, por ejemplo.

Los recortes en el presupuesto de Parques y Jardines por parte del Ayuntamiento hacen difícil el control de esta plaga, y, como es habitual cuando hay un problema, el equipo municipal echa la pelota al jardín de la Generalitat, acusando Medio Ambiente de no fumigar como es debido.

Desde el Centro de Investigación Ecológica y de Aplicaciones Forestales ya se avisó, en otoño, que un tiempo húmedo y poco frío retrasaría el ciclo de vida de estos gusanos, que eclosionarían en la primavera. Pero parece que las advertencias de los investigadores cayeron en saco roto, porque desde el Ayuntamiento no se trataron adecuadamente los pinos y cedros donde anidan las orugas. Se han gastado, según los presupuestos muncipales, más de 50.000 euros en aplicar tratamientos biológicos que no han dado el resultado esperado, y ahora los jardineros se afanan a cortar las bolsas de orugas que se están comiendo los árboles.

Su paso tranquilo y en hilera llama la atención de grandes y pequeños, y la obsesión para captar la foto más apta para Instagram ha hecho que se disparen las consultas a urgencias. Estos gusanos peludos, a pesar de su aparente imagen aterciopelada, son muy urticantes. Provocan alergias respiratorias, cutáneas, oculares y, en el caso de los perros, poco preventivos y muy curiosos con el que se meten a la boca, puede acabar en muerte. En el Parc de les Aigües y del Guinardó se han puesto letreros avisando del peligro de las procesionarias, pero continúa siendo más efectivo el boca-oreja, que ya parece una tarea importante de los jardineros de la ciudad.


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