Lo ha reconocido el director general de la Asociación Nuclear Ascó Vandellòs (ANAV), José Antonio Gago, ante los medios de comunicación de Tarragona: la incertidumbre que planea sobre el futuro cierre de los tres reactores atómicos que hay en Cataluña está provocando que técnicos cualificados marchen de la empresa para buscar nuevos horizontes profesionales más estables. En concreto, algunos han migrado a Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos), donde se está ultimando la puesta en marcha del complejo nuclear de Barakha.

A estas bajas laborales, según José Antonio Gago, hay que añadir la progresiva salida, por jubilación, de muchos de los técnicos que se incorporaron en la ANAV (formada por Endesa e Iberdrola) en el momento de la puesta en marcha de la nuclearización de Cataluña, ahora hace 35 años. La actual descapitalización profesional del parque atómico catalán es un problema que se mezcla, de manera preocupante, con el rosario de incidencias que han marcado el funcionamiento de los reactores Ascó I e II y Vandellòs II.

Según el último informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), en 2017 se produjeron un total de 18 incidentes en la central nuclear de Ascó y cuatro en la de Vandellòs, si bien ninguno comportó riesgos remarcables. Durante este 2018, se han notificado 14 errores de funcionamiento, de los cuales el más grave ha sido un pequeño escape radiactivo de los generadores de vapor de Ascó II.

El futuro del parque atómico catalán depende de las previsiones del mix eléctrico que fije el Plan de energía y clima que tiene que presentar próximamente, por prescripción europea, el ministerio de Transición Ecológica, que dirige Teresa Ribera. La moción de censura contra Mariano Rajoy ha tenido un efecto muy preocupante para las empresas del sector eléctrico: si el PP siempre ha estado abiertamente favorable a la energía nuclear, el PSOE –y, de manera muy especial, la nueva ministra Teresa Ribera, declarada antinuclear– se ha mostrado partidario de frenar la nuclearización y de proceder al desmantelamiento progresivo de las centrales en funcionamiento una vez lleguen al límite de su licencia para operar.


PRESIONES DEL 'LOBBY' ATÓMICO

En el caso de los tres reactores nucleares que explota la ANAV, esta incertidumbre se vuelve angustiosa. Y es que la licencia de Vandellòs II expira en el mes de julio del año 2020 y la del complejo de Ascó I y II, en septiembre del 2021. El año pasado, la ANAV ya presentó una solicitud de prórroga de las licencias por diez años, a partir de su vencimiento, pero su tramitación está parada a la espera de las previsiones que establezca el futuro Plano de energía y clima.

En principio, la ministra es partidaria de que las centrales nucleares tengan un límite máximo de vida útil de 40 años. Esto todavía daría un poco de cuerda a las centrales que hay en Cataluña, puesto que Ascó I entró en funcionamiento en 1983; Ascó II, en 1985, y Vandellòs II en 1987. Esto quiere decir que, si se aplica el principio de los 40 años, su explotación se podría prolongar hasta el 2023, 2025 y 2027, respectivamente.

Pero las pretensiones de la industria nuclear española van mucho más allá y proponen que las centrales en funcionamiento alarguen su vida operativa hasta los 60 años, como está pasando en los Estados Unidos, donde 83 de los 99 reactores instalados ya han conseguido esta prórroga. Curiosamente, el gran argumento del lobby atómico para defender la prolongación de las licencias es el cambio climático: ya que las centrales nucleares no utilizan combustibles fósiles para funcionar, reivindican que son la solución para frenar las emisiones de CO2 en la atmósfera y evitar así el calentamiento de la temperatura del planeta.


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