Decía Elsa Artadi, la predecesora de Meritxell Budó (Barcelona, 1969) a la consejería de Presidencia, el día del relevo, justo hace cuatro meses: "Está mucho más preparada que yo cuando cogí el cargo". Pues parece que no lo acertó. La garriguenca de adopción no ha parado de meter la pata desde que fue nombrada consejera y portavoz del gobierno de Quim Torra. Otros nombres sonaron para ocupar esta responsabilidad, pero ninguno contaba con avales tan incondicionales como el del ex-presidente Carles Puigdemont, ahora en Waterloo (Bélgica), o el del ex-consejero encarcelado en Lledoners Jordi Turull, que es quien más luchó para que fuera Budó la elegida.

Las pifias de Budó la han convertido en tiempo récord en uno de los personajes de éxito del Polonia. Se ha ganado a pulso la caricatura. En apenas cuatro meses desde que fue nombrada, la portavoz del gobierno ha saltado a los medios por sus desconcertantes declaraciones, lapsus al tratar de explicar sus afirmaciones, o directamente por los choques con los periodistas por la lengua empleada para hacer preguntas. Entre sus lapsus encontramos cuando afirmó que el independentismo había ganado Barcelona; en realidad pasó de 18 a 15 regidores y la mayoría absoluta del Ayuntamiento de Barcelona está en 21 regidores. Pero el resbalón más grande lo protagonizó cuando se negó a responder en castellano a las preguntas hechas por la prensa. Esto le supuso un choque con los representantes de los medios de comunicación. Según Budó, la "norma de la sala" era repetir en esta lengua únicamente respuestas previamente hechas en catalán. Los periodistas presentes no habían oído hablar nunca de aquella norma. Budó acabó aceptando la pregunta lanzada en castellano por la periodista de Antena 3, después de explicar que su equipo le había trasladado que las respuestas en castellano se ofrecen en los últimos 10 minutos.

A ERC, formación que comparte el ejecutivo con Budó, saltaron las alarmas después de que la portavoz se mostrara reticente a contestar una pregunta por haber sido formulada en castellano. Para los republicanos, más allá de la confusión que la consejera mostró sobre la mecánica habitual de las ruedas de prensa del gobierno, la actitud de Budó refleja una ideología nacionalista encarnada por sus socios de la cual ellos aseguran sentirse cada vez más lejanos.

Por proximidad geográfica y afinidad personal, la actual consejera de la Presidencia forma parte del entorno más cercano de dos hombres clave en Junts per Catalunya: el ex-consejero encarcelado Jordi Turull y el expresidente Carles Puigdemont. Esta vinculación fue fundamental para que acabara dando el salto desde su cómoda alcaldía de la Garriga hasta uno de los cargos más sensibles de cualquier gobierno, el que da la cara cada semana ante la prensa para explicar las iniciativas aprobadas.


LEE EL ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN EN PAPEL DE EL TRIANGLE DE ESTA SEMANA