Una de las nuevas iniciativas del FC Barcelona pasa por convertir su televisión en una productora con capacidad operativa propia y recursos que, incluso a corto plazo, puedan rendir beneficios al club. Esta es una antigua aspiración desde los tiempos de Joan Laporta, momento en que el primigenio Canal Barça dejó de operar como externo, por cuenta de Telefónica Media, y quiso ganarse la vida por sí misma. Sin ningún éxito, por cierto.

Desde entonces, todos los intentos han fracasado, uno tras otro, excepto en el periodo en que Sandro Rosell desmanteló, o al menos lo intentó, la estructura de Barça TV en manos de Mediapro.

Jaume Roures se favorecía de un contrato según el cual para todas las necesidades de la cadena el único proveedor técnico era Mediapro y al precio decidido por Mediapro que, además, podía comercializar los contenidos producidos en el Camp Nou por personal pagado por el FC Barcelona. La factura era casi tan elevada como la propia Masía.

Cuando Rosell le quiso poner fin, planteando incluso el cierre de la cadena, la contraoferta de Mediapro no la pudo rechazar: se quedaba en plantilla de Mediapro a todo el personal y los costes técnicos del mismo a cambio de la prórroga de un año más de los derechos de TV del FC Barcelona.

Cuando Movistar tomó el relevo, dentro del contrato se incluyó la misma fórmula de gestión y de financiación salarial a cargo de la nueva compañía.

Ahora que expira el compromiso con Movistar, el club recupera el control, se queda al personal y propone la creación de Barça Studios como productora de todos los contenidos audiovisuales. Y suena como súper ideólogo de Barça Studios el responsable de la marca del club, Guillem Graell. Los resultados obtenidos al frente de este departamento no han respondido a las expectativas ni mucho menos. Sus cambios no han mejorado las cifras de la marca en el mundo y su propuesta de cambio de escudo le costó un cabreo asamblearia al presidente y a la junta. Aun así, parece que tendrá una segunda oportunidad.