De la mano del expresidente Carles Puigdemont, el movimiento independentista ha vivido, en las últimas semanas, la aparición de tres nuevas plataformas políticas: la Crida Nacional per la República, el Consell per la República y el Consejo Asesor para el impulso del Foro Cívico y Social para el Debate Constituyente. Por su parte, Òmnium Cultural ha impulsado la iniciativa Som el 80% y la ANC da apoyo al movimiento Primàries Catalunya, que lidera el filósofo Jordi Graupera.

A este abanico de organizaciones neonatas hay que sumar los cuatro partidos independentistas con representación parlamentaria (PDECat, ERC, Demócratas y las dos ramas de la CUP), además de la confluencia Junts per Catalunya, las entidades cívicas (Assemblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural, Súmate…), la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), los sindicados independentistas, la Asociación Catalana por los Derechos Civiles -que reúne a los familiares de los políticos presos-, la asociación Drets, el Colectivo Praga, etc.

Todo este lío de plataformas y organizaciones se ha traducido en la evidente parálisis y confusión que hay, actualmente, en el movimiento independentista, donde se multiplican las ideas y las propuestas, cada vez más estrambóticas y dispersas, para intentar salir del callejón sin salida provocado por la represión del Estado contra los líderes del proceso. Esta sensación de caos ha llevado a Josep-Lluís Carod Rovira, ex vicepresidente de la Generalitat y una de las voces más autorizadas de la causa secesionista, a escribir un duro artículo en el diario Nació Digital donde lamenta la falta de coordinación y la inexistencia de un liderazgo claro.

Josep-Lluís Carod Rovira, que se ha dado de baja de ERC y la ANC, alerta: “El patriotismo de la gente es de una fortaleza de piedra ciclópea, pero diría que la paciencia de los seres humanos, incluidos los seres humanos independentistas, tiene un límite. Si no queremos que la desorientación actual derive en tristeza y ésta en frustración, un poco de orden, por favor”.