La fuga de la responsable de la compliance officer del FC Barcelona, Sabine Paquer, se ha confirmado desde el club como una decisión de la propia ejecutiva basada en su motivación personal y profesional de afrontar nuevos retos. Esta versión, sin embargo, quiere esconder la verdadera razón por la que la compliance ha decidido irse cuanto antes mejor, cansada de que su trabajo se haya confundido dentro del propio club y su despacho se haya convertido en una pesadilla por culpa de las tensiones, envidias y confrontaciones internas entre directivos y ejecutivos.

La situación, insostenible para una compliance que intentaba hacer su trabajo con el rigor y la pureza exigidos por el cargo, ha derivado en intentos de presiones, interferencias y manipulaciones que unos y otras han querido forzar para deshacerse de enemigos internos y externos.

La prueba es que, finalmente, el órgano donde van a parar las conclusiones de los casos que estudia la compliance, la Comisión de Control y Transparencia, ha pasado en un año y medio de ser un instrumento decorativo y completamente inservible a mantener una actividad inaudita a la caza y captura de los que han cometido algún tipo de irregularidad.

El problema es que, aunque no dispone en muchos casos de pruebas ni indicios, sólo suposiciones, comentarios o acusaciones malintencionadas, a la compliance se le ha exigido formalizar y presentar casos sólo con el objetivo terminal de levantar o dejar sospechas sobre determinados empleados, exempleados, ejecutivos y directivos.

Esta mala orientación de la compliance, que no ha querido ser parte de un juego en cierto modo perverso, ha coincidido con la etapa de la directiva Maria Teixidor al frente de la Comisión de Control y Disciplina; Teixidor ha derivado en un personaje amigo de moverse entre las sombras y de favorecer que sus propios compañeros de junta caigan en desgracia o en desprestigio. También, está claro, de ejecutivos y empleados. Por alguna razón que por supuesto no se entiende esta directiva seria, llegado el caso, responsable de enjuiciar a sus propios compañeros de junta si fueran denunciados.

El caso que más ha encallado el complejo laberinto de los vasos comunicantes alrededor de la compliance officer es el de la denuncia contra la exdirectiu Manel Arroyo, que dejó la vicepresidencia de marketing y comunicación al final de la temporada pasada después de que un exejecutivo finalmente despedido, Gerard Guiu, presentara ante Sabine Paquer un pliegue de denuncias de las que no se tiene noticia que haya sido despachado de acuerdo con la tramitación prevista. Seguramente porque al producirse la dimisión de Manel Arroyo el expediente había dejado de tener sentido.

La falta de absoluta de libertad e independencia ha sido, en definitiva, la causa principal del adiós de Sabine Paquer. Ahora la sustitución está en manos de la propia Maria Teixidor, convencida de que si elige a la nueva compliance officer esta vez la podrá controlar.