La asistencia de espectadores al nuevo Miniestadi, el estadio Johan Cruyff de Sant Joan Despí, está siendo variable. Ha mejorado ligeramente la cifra de sillas ocupadas en los partidos del Barça B, sin duda, porque en todo el entorno de la ribera del río Llobregat hay una arraigada tradición futbolística que, junto con la novedad de conocer una instalación moderna y recientemente acabada, ha conseguido atraer a un número superior de forofos que el antiguo Miniestadi.

Pero lo que ha disparado las expectativas ha sido el Barça Femenino, que sí que ha subido varios escalones de golpe y ha estabilizado un número importante de seguidores, mucho fidelizados porque mayoritariamente son aficionados exclusivamente del fútbol femenino, únicos, junto a los centenares de barcelonistas que se han encaprichado con el equipo después de haber alcanzado el año pasado la final de la Champions por primera vez en su historia. Pero también porque el equipo ha iniciado la temporada con una firmeza y contundencia que lo proyecta hacia otro final de curso con posibilidades de dar la campanada. El Femenino va disparado a por la Liga y sueña de volver a disputar la final de la Copa de Europa.

El estadio Johan Cruyff, sin embargo, ha pasado por un periodo complicado de adaptación en lo que se refiere al control de accesos y entrada de aficionados después de registrar enormes colas, confusiones y colapsos en determinadas puertas. Los afectados han llegado a perderse hasta quince minutos de un partido a pesar de haber llegado a tiempo e, incluso, con cierta antelación.

Hasta que no se ha afinado la fórmula para hacer posible la complejidad del ticketing con una buena organización y conocimiento de los nuevos hábitos de los espectadores, de los flujos y movilidad de los que se acercan al Johan Cruyff, en muchos casos debutantes, las acumulaciones han sido realmente importantes. Por mucha previsión y experiencia acumulada en organización de partidos en el club azulgrana, los responsables del estreno no acertaron, de entrada, con la forma de hacer fácil la vida de los espectadores barcelonistas, algunos de los cuales se lo pensarán antes de repetir la experiencia.