La financiación del Espai Barça, que no tendría que comprometer la estructura económica del club a corto plazo, se puede complicar si se acaba confirmando que una de sus pocas bases, la cobertura propuesta por Grifols, se queda fuera por renuncia de la misma compañía farmacológica catalana. A pesar de que se dio por hecho que las conversaciones para adquirir los Tittles Rigths del Camp Nou se iban a poner sobre el papel y a ultimar con la firma, lo cierto es que un sector influyente de la directiva expresó sus dudas en su momento y, desde entonces, se ha dedicado a frenar cualquier adelanto. Finalmente, parece que la paciencia de Grifols se ha agotado hasta el punto de distanciarse del proyecto.

El flanco débil de la operación radicaba en qué Grifols contemplaba la compra para su explotación a favor de terceros; es decir vender el 'apellido' del Camp Nou a diferentes marcas o patrocinadores en contratos de cinco años para obtener al final del contrato un beneficio capaz de compensar el esfuerzo de avanzar los 200 millones de euros que el FC Barcelona necesita para arrancar el Espai Barça.

La posibilidad de perder el control sobre el patrocinador del estadio parece que se ha convertido en una cuestión insuperable para los responsables de dar por bueno el acuerdo. También ha habido cuestiones personales cruzadas entre directivos y ejecutivos, entre otras razones porque quién había conseguido encontrar una vía comercial seria y dispuesta como Grifols había sido un directivo, por su relación personal con la familia Grifols, y no ha sido el resultado de la gestión de los muchos recursos volcados en este tema por las áreas y la estructura ejecutiva del FC Barcelona.

Grifols había diseñado una financiación directamente vinculada a la sociedad patrimonial de la familia, bastante poderosa y solvente para cubrir los costes de la operación. Tenía además, a su favor, la sensibilidad barcelonista de la familia, un factor de peso y de interés en caso de surgir inconvenientes o algún tipo de problema.

Al final, pero, la operación ha caído en un punto muerto poco menos que irreversible a punto de cumplirse un año del límite anunciado y auto impuesto por el mismo presidente del FC Barcelona para celebrar una asamblea extraordinaria donde someter el acuerdo de la venta de los Tittle Rigths, que fijó al primer semestre del 2018.