En las administraciones hay una lucha soterrada entre los departamentos económicos y los de sanidad para controlar la desescalada de pos-Covid-19. Mientras que los responsables económicos, presionados por los lobbies empresariales y gremiales, querrían un regreso rápido a la normalidad, los diversos departamentos sanitarios quieren ir más despacio.

Eso pasa en el Gobierno central, donde Salvador Illa tiene que hacer frente a las peticiones de los ministros económicos, con la vicepresidenta Nadia Calviño al frente.

Lo mismo sucede en Cataluña, donde Alba Vergés tiene que contener las ansias de Àngels Chacón, aunque ambas son de Igualada, una zona donde la Covid-19 golpeó con dureza.

Y en el Ayuntamiento de Barcelona está pasando otro tanto entre el área económica, con Jaume Collboni al frente, y Gemma Tarafa, responsable de Salud.

De momento, los departamentos de Salud siguen siendo los que marcan la agenda de la desescalada, pero cada vez más las áreas económicas y empresariales están presionando, alertando de la grave crisis económica que se divisa si no se abren los negocios cuanto antes mejor.

Esa urgencia ha hecho que el Gobierno de Pedro Sánchez decidiera abrir la mano en Barcelona y Madrid inventando una fase 0,5, buscando que los pequeños comercios fueran los primeros en abrir, antes de que la restauración y las grandes superficies. Tanto Barcelona como Madrid son las locomotoras económicas y ambas ciudades, y sus áreas metropolitanas, serán las últimas en llegar a la última fase, la de la normalidad.