Joan Herrera ha sido una de las víctimas políticas del procés. Después de llevar a ICV a sus mejores resultados en el Parlamento de Cataluña, Herrera vio como la irrupción de Ada Colau lo dejaba sin espacio.

Después de dejar la dirección de Iniciativa fue el responsable de la escuela de formación de CCOO. Cuando Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, Herrera fue uno de los fichajes del ministerio de Teresa Ribera. Regresado en Barcelona por problemas de carácter personal, desde el mes de octubre pasado es el director de acción ambiental y energía del Ayuntamiento del Prat, organismo en el que los exdirigentes de ICV se encuentran arropados.

No sólo Herrera trabaja ahí. La que fue teniente de alcalde de Derechos Sociales con Colau, Laia Ortiz, también está trabajando en el Prat: es la directora de acción social del Ayuntamiento desde septiembre del año pasado.

Sin embargo, la primera dirigente destacada que encontró cobijo en el Prat, donde el PSUC o ICV gobiernan desde 1979, fue Dolors Camats, quien hizo tándem con Herrera al frente de la formación ecosocialista hasta que fue absorbida por los Comunes de Colau. Camats es la directora de la Cooperativa Obrera de Viviendas, una cooperativa fundada en 1962 en el Prat.

En resumen: el Prat es el refugio laboral de los dirigentes de ICV caídos en el estruendo del proceso político catalán.