La historia del Barça se puede encontrar en los libros, pero cada vez menos en la memoria del colectivo de los empleados y ejecutivos de club, que hasta hace sólo unos años había sido el principal depósito de recuerdos, anécdotas, sucesos y secretos.

La regeneración del personal ha sido tal que hace unas pocas semanas un futbolista como Migueli, una leyenda viva del barcelonismo, tuvo serios problemas para poder acceder a la Ciudad Deportiva Joan Gamper. Pero no porque la seguridad impusiera el control que, inevitablemente, tiene que pasar todo visitante, sino porque nadie de la cadena de seguridad, ni tampoco empleados con rango y autoridad de la instalación, sabían quién era este "Miguel" que había pedido entrar.

Hace apenas cinco o seis años su presencia no habría causado ningún problema de control de acceso, sino todo lo contrario, puesto que se le hubiera dejado entrar sin más preguntas que las derivadas del interés personal de los empleados de más edad por cómo le va la vida. Migueli, que reside fuera de Cataluña y sólo ocasionalmente visita el Camp Nou o la Ciudad Deportiva, sigue siendo asesor deportivo de la presidencia y tutela a distancia al Barça B porque, entre otras cosas, esta es su debilidad, el cuidado del plantel y vigilar que las mejores promesas entiendan lo que es vestir la camiseta de Barça. Cuando formó parte del staff del fútbol base entre 2001 y 2003, se encargó de estar encima de Piqué, Cesc, Iniesta y Messi.

Lo más difícil en su caso no fue que al fin pudiera entrar al recinto, no sin antes encontrar a alguien que pudiera avalar su acceso, sino que una vez obtuvo la luz verde para acceder, pues había previsto presenciar el entrenamiento aprovechando su visita, quedó confinado en un rincón y vigilado por la seguridad para que no se moviera de un determinado lugar, alejado lo más posible del vestuario.

El entrenador del primer equipo, Ernesto Valverde, tuvo que poner orden hace unos meses porque no se filtraba la entrada de algunos enchufados al área del primer equipo. Esa fue la orden, finalmente confundida con la de tratar a todos los visitantes con el mismo grado de recelo, sospecha y peligro. Es el problema de no saber quién fue o quién es Migueli.