La Covid-19 está impactando duramente la ciudad de Perpiñán, que se ha convertido en el principal foco de esta enfermedad en la región de Occitania, a la cual pertenece el departamento de los Pirineos Orientales. En esta ciudad de 125.000 habitantes se han producido hasta ahora ocho muertos por la infección y hay 110 vecinos hospitalizados, de los cuales 34 en reanimación. Para intentar mitigar la pandemia, el alcalde, Jean-Marc Pujol, ha decretado el toque de queda entre las 8 de la tarde y las 6 de la mañana.

Un colectivo especialmente tocado por el contagio de la Covid-19 en Perpiñán es el de los gitanos, que habitan mayoritariamente en el barrio de Saint-Jacques. En este asentamiento gitano, considerado el más antiguo y más grande de Francia, ha arraigado con fuerza, en los últimos años, la religión evangelista.

Entre los pasados días 17 y 21 de febrero, la iglesia evangelista organizó una gran asamblea en la ciudad de Mulhouse (Alsacia) que se considera el punto de inicio de la difusión del contagio de la pandemia que castiga, con gran virulencia, la zona este de Francia, la más afectada del país. Los gitanos perpiñaneses que participaron en la reunión de Mulhouse serían el origen del brote que afecta a la capital de la Cataluña Norte.

Pero las suspicacias de la población también se han focalizado en el gran mitin independentista celebrado en el Parque de las Exposiciones de Perpiñán el pasado 29 de febrero –pocos días después de la asamblea evangelista de Mulhouse-, con la intervención estelar del ex presidente Carles Puigdemont. Las escalofriantes cifras de mortandad que está provocando la Covid-19 en Cataluña están muy presentes en los medios de comunicación de Perpiñán y mantienen conmocionada a la opinión pública.

Por eso, están proliferando los comentarios en las redes sociales que también vinculan la expansión de la pandemia en Perpiñán con la masiva presencia de catalanes del sur en el acto independentista del 29 de febrero. En este sentido, el alcalde Jean-Marc Pujol es objeto de duras críticas por su apoyo entusiasta a la celebración de este mitin, a pesar de que las alertas por la rápida expansión del coronavirus ya estaban encendidas y, en estas condiciones, acoger una gran concentración de masas en la ciudad era un peligro objetivo. Quien también recibe reproches es el prefecto de los Pirineos Orientales, Philippe Chopin, por haber autorizado la celebración de este acto multitudinario, a pesar de las voces contrarias que, por prudencia sanitaria, lo desaconsejaban.