A los socios del FC Barcelona no los quedará otro remedio que comprar las mascarillas del Barça cómo cualquiera otro ciudadano barcelonista del mundo. Cuando el club se planteó generar acciones sociales y corporativas contra el coronavirus, la posibilidad de fabricar mascarillas se contempló, efectivamente, como una necesidad de primer orden a la vista del rumbo de los acontecimientos, pues iba a ser, en cuestión de semanas, una necesidad no sólo para la desescalada sino para muchos meses y quizás años.

La decisión de personalizarlas con el diseño, los colores y la imagen del FC Barcelona se puso sobre la mesa, a pesar de que en ningún caso se pensó producir una determinada cantidad para los socios del FC Barcelona como regalo ni como promoción ni en ninguno otro formato que pudiera derivar en una ventaja para los socios.

No han faltado, desde el interior de club, algunas críticas por la obsesión a convertir cualquier oportunidad en un negocio, menos todavía cuando los ingresos por ticketing, Museo y tiendas han caído de golpe. Se ha priorizado el comercio electrónico, que es ahora el gran invento para sostener una industria de comercialización que antes estaba cedida a Nike y ahora es plena responsabilidad del club y Barça M&L, la sociedad creada para su explotación.

Parece claro que la vieja batalla entre el área social y los hombres del marketing y área comercial lo han ganado definitivamente los que han perdido la sensibilidad necesaria para, al menos de vez en cuando, pensar a darle al socio algún servicio extra más allá de lo que es habitual. ¿Cuánto habría costado una remesa especial de mascarillas propias para los socios o una oferta que no se pudiera rechazar?

Si hay algún candidato continuista entre la junta de Josep Maria Bartomeu, tendría que saber que además de encargarse entrevistas a la carta para la web del club podría conquistar el aprecio de los forofos con algo que parece estar muy lejos de su alcance: querer a los socios como ellos quieren a club.