Jaume Roures se ha convertido esta semana en el azote de la junta directiva azulgrana. Ha aprovechado que la crisis de las redes sociales ha agitado la actualidad y el entorno barcelonista de pies a cabeza para denunciar la persecución de la cual es objeto por parte de club y para recordar que le tiene puesta una querella por espionaje que, por cierto, lleva años estancada.

De hecho, Roures la esgrimió como una amenaza contra Josep Maria Bartomeu y este le replicó contundentemente afirmando que el juez la había archivado, al menos la parte en la cual se pretendía imputar al actual presidente barcelonista y al propio club. Parece que el juez no considera a Bartomeu como objetivo de la demanda ni tampoco, penalmente, que la entidad pudiera ser responsable de nada. Siguen como investigados el ex presidente Sandro Rosell y dos empleados, Robert Cama (informático) y Joan Carles Raventós.

Pero Jaume Roures no sólo omitió esta información. También destacó como hecho relevante y clave, desde el punto de vista acusatorio, que Robert Llit fue contratado por el FC Barcelona después de dejar su relación profesional con Mediapro. Esto lo explica todo, vino a decir, olvidando que, a la inversa, su empresa también ha pescado al Barça como fue el caso de Laura Anguera, primera directora del área jurídica azulgrana de la época de Rosell, que cuando acabó su etapa al club salió por la puerta de las oficinas de Arístides Mallol para coger un taxi con destino a las de Mediapro para incorporarse al 'enemigo', por decirlo de alguna manera. Esta claro que este tránsito de empleados puede cuestionarse, pero no es delito.