El presidente catalán, Quim Torra, está cada vez más solo. No es que nunca hubiera tenido un amplio apoyo de los diferentes sectores independentistas que lo llevaron a la presidencia de la Generalitat, pero en las últimas semanas se ha ido quedando todavía más solo.

El asunto de su inhabilitación ha hecho que él se haya bunquerizado, obsesionado con la idea que si le tienen que echar del Palau de la Generalitat, será después de haber resistido y con todas las consecuencias. Mientras tanto, incluso algunos de los colaboradores más cercanos y la mayoría de consejeros de JxCat le recomiendan convocar elecciones para intentar un golpe de efecto y volver a ganar con otro candidato, con Carles Puigdemont haciendo campaña y aprovechando la relación de ERC con el PSOE para hacer perder votos a los republicanos. Pero él prefiere aguantar, aunque sea solo.

En este contexto, hay la certeza entre las fuerzas políticas catalanas que las elecciones al Parlamento catalán se acercan. Por los pasillos de la cámara catalana los diputados apuntan que las elecciones llegarán más tarde o más temprano, pero no tardarán. Todos los partidos ya se están preparando, y trabajan porque lo primero que hay que tener claro es quien será el candidato en la presidencia de la Generalitat.

Y en esto, en JxCat tienen un problema. Quim Torra ya ha dicho que no quiere ser candidato y en el partido le están profundamente agradecidos que sea así. La candidata más muy posicionada, Laura Borràs, tiene a la Fiscalía y los jueces soplándole la nuca por el caso de los contratos troceados, y esto podría complicar las cosas. La gran esperanza blanca de los dirigentes exconvergentes es Elsa Artadi. Pero ella lo tiene clarísimo: no quiere ser la candidata. Y lo ha dicho por activa, por pasiva y a todo aquel que se lo propone. Tanto, que incluso se enfada cuando se le comenta.