Andorra es un país clave en la geografía personal y política de Jordi Pujol. El descubrimiento de que él y su familia tuvieron, durante años, una fortuna escondida en bancos andorranos precipitó la confesión del 25 de julio del 2014, cuando admitió la existencia de una “deja” legada por su padre, Florenci Pujol, fuera de España. Esta confesión aceleró las investigaciones de la Audiencia Nacional, que han culminado, de momento, con la imputación de todo el clan Pujol y la caída a los infiernos de la imagen pública del expresidente de la Generalitat.

Por eso resulta muy relevante el documento que publicamos en esta noticia, procedente del archivo privado de un antiguo colaborador íntimo de Jordi Pujol que EL TRIANGLE está exhumando en las últimas semanas (Los Papeles secretos). Se trata de una carta, datada el 10 de octubre de 1994 y dirigida a dos personas de su máxima confianza, en la que el expresidente de la Generalitat defiende la conveniencia de que Andorra sea un paraíso fiscal, del mismo modo que Mónaco, Luxemburgo, Liechtenstein o las islas del Canal.

Hay que señalar que, en el momento de escribir esta carta, su hijo primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, ya hacía tiempo que traficaba carretadas de dinero negro, procedentes de la corrupción, hacia Andorra, donde tenían cuentas cifradas su madre y sus hermanos. Por eso, la apelación final –“¿Conocéis el tema?”– denota un grado de cinismo superlativo.

También sorprende que Jordi Pujol vinculara la viabilidad de la independencia de Andorra al hecho de que fuera un paraíso fiscal, de manera preferente al servicio de los intereses de España. Este país de los Pirineos –con representación en las Naciones Unidas y el catalán como lengua oficial– siempre fue una prioridad estratégica del expresidente de la Generalitat, que intentó, de manera reiterada, influir en los destinos del Estado andorrano.

En el texto de esta carta llama la atención que Jordi Pujol utilice el eufemismo “muelle” para referirse a “paraíso fiscal”, que es como se conocen, en todo el mundo, a los territorios que tienen secreto bancario y una ínfima presión fiscal para los extranjeros que depositan su dinero, mayoritariamente de procedencia ilícita. Un ejemplo más de la doble moral pujolista.