En la reunión del gobierno de la Generalitat que se celebró el 3 de septiembre de 1990, el presidente Jordi Pujol preguntó a sus consejeros qué pensaban de un documento que les había repartido unos días antes. Tenía 33 páginas y 3 más de anexos, no tenía un título específico, aunque se lo conoció como Programa 2000. Hacía ya un par de años que Pujol tenía la sensación de que había un cierto "relajamiento nacional" y que había que someter Cataluña a una política de nacionalización para conseguir que la identidad catalana fuera hegemónica. En ningún momento del documento aparece la palabra independencia, pero la situación que vive Cataluña ahora se puede reinterpretar a la luz de su contenido.

A aquel consejo ejecutivo asistió Ramon Juncosa. Pujol explicó así su presencia: "Quiero recordar que hace mucho tiempo que hablamos de la necesidad de llevar a cabo una activa política de nacionalización, y que aunque hemos iniciado algunas cosas, no acabamos de hacerlo nunca a fondo y de una manera seguida. El nombramiento de Juncosa tiene que ayudar a resolver esto". Juncosa era un hombre de la absoluta confianza del presidente. Militante de CDC desde su fundación, entró en la Administración de la Generalitat en 1981 y ocupó varios cargos en el departamento de Educación. Pujol lo nombró director general de Evaluación y Estudios del departamento de Presidencia para que elaborara este programa nacionalizador. Murió en 2000.

El documento estaba dividido en dos partes –Líneas generales y Desarrollo de los ámbitos de actuación– y tenía dos anexos: Estructuración de la acción y Pensamiento. Agentes actuantes. A algunos medios se les filtró, aquel otoño, las veinte páginas correspondientes al Desarrollo de los ámbitos de actuación, pero las Líneas generales y los anexos, donde constaban los encargados de promover e impulsar los objetivos nacionalizadores, quedaron en el anonimato. EL TRIANGLE los desvela a partir de esta edición.

Las Líneas generales empiezan con un apartado titulado Cataluña y su identidad en el que se afirma que "no se trata tanto de recuperar la identidad como de reinterpretarla, de afirmarla y hacerla hegemónica en todos los campos de la actividad humana. No sólo en el campo de la cultura, sino en el campo de la política, la economía, la administración...".

Pujol quería redefinir lo que llamaba modelo de ciudadano catalán: "Ser ciudadano catalán tiene que querer decir, por ejemplo: ser más culto (hay indicadores que permiten asegurarlo, como el índice de lectura, de consumo cultural, etc.), pertenecer a una sociedad más moderna, más avanzada, con un grado más alto de bienestar social, ambiental y cultural, ser más cívico, libre, solidario y plural a la vez, y ser más europeo, más aproximado a los modelos culturales sociales y económicos europeos...".

Para forjar la identidad considera que hay que intervenir en las escuelas, los medios y el sector cultural: "Hoy disponemos de unas herramientas capitales para que el modelo cultural catalán pueda penetrar (en un proceso lento todavía, pero que habría que hacer definitivo y, a la vez, permanentemente revisable) en el cuerpo social". Y estas herramientas serían "la escuela, ahora, en catalán y después plenamente catalana cuando pueda vehicular todos los contenidos socioculturales catalanes, los medios de masas y especialmente los medios públicos audiovisuales y la sociocultura".

· Un plan de nacionalización con ocho ideas fuerza: