El Gobierno catalán ha cedido al expresidente Carles Puigdemont, de nuevo en busca y captura, 'la embajada' en Bruselas para valorar la sentencia del proceso. A mediados de abril del año pasado, el gobierno español puso el grito en el cielo porque el ex consejero Lluís Puig hizo un acto en este mismo espacio -entonces para reivindicar la figura del escritor Manuel de Pedrolo. Habrá que ver qué reacción provoca ahora el uso de la delegación.

La sede del gobierno de la Generalitat en la Unión Europea es la única que quedó abierta después de la intervención del gobierno español en aplicación del artículo 155.

Acompañado de los ex consejeros Toni Comín, Lluís Puig, y la misma delegada Meritxell Serret, Puigdemont ha hecho un llamamiento a la movilización pacífica, a tomar la iniciativa y también ha convertir las elecciones generales del 10 de noviembre en una muestra "sonora de rechazo y firmeza" ante las sentencias "injustas e inhumanas".

Una vez más, Puigdemont ha criticado el silencio de una Europa que, según él, "impide que los representantes de más de dos millones de ciudadanos europeos se sienten en el Parlamento Europeo para denunciar las injusticias". También ha criticado el Estado que no dialoga y ha hecho un llamamiento a "demostrar al mundo que hay una vía catalana que rechaza la represión".

El expresidente ha denunciado que los condenados son "víctimas de detenciones arbitrarias" y ha hecho un llamamiento a "reaccionar y no resignarse a aceptar el statu quo y la represión".