A pesar de que sólo hace un par de semanas la Assemblea Nacional Catalana (ANC) alertaba de la poca inscripción, todo indica que se cubrirán los tramos previstos. Ya empieza a ser una tradición previa al 11-S que la ANC haga un llamamiento desesperado a la participación a la manifestación independentista y que días después todo cambie. De los 70.000 inscritos a finales de agosto se ha ultrapasado ya los 300.000 y la venta de camisetas, uno de los negocios de las cites independentistas, ya habría superado las 250.000 unidades. Este año se pretende llenar la plaza España de Barcelona y las calles adyacentes (avenida Ferrer i Guàrdia, Tarragona, Paral·lel y Gran Vía) formando una estrella.

A pesar de todo, la unidad se agrieta. La carta conjunta de los políticos encarcelados y de los que viven en el extranjero habría sido escrita antes del último rifirrafe entre Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Mientras que el primero descarta unas nuevas elecciones después de la sentencia del juicio, el segundo reprocha que lo más democrático es votar y cuestiona, también, que se defienda un referéndum y no unas elecciones. Además, desde ERC se apuesta ahora por un referéndum pactado con el Estado que pueda ser reconocido internacionalmente, abandonando la unilateralidad defendida por la ANC con Puigdemont y Quim Torra desde Waterloo y Barcelona.

Aun así, el independentismo volverá a colapsar la capital catalana. Este año, pero, los comunes de Ada Colau se abstienen de participar. Finalmente, destacados exdirigentes de ERC sí que irán, según dicen ellos mismos, pero con fuertes críticas al camino iniciado por la ANC que capitanea Elisenda Paluzie que de actuar de acuerdo con las formaciones políticas independentistas se habría hecho con el liderazgo de la desobediencia sin tener en cuenta las voluntades de los que ahora siguen encarcelados.

Así, este 11 de Septiembre independentista tiene que certificar la preponderancia de la ANC con el apoyo del legitimismo puigdemontista y, por el contrario, el escepticismo de ERC y de Òmnium, así como del poder local del PDECat también crítico con la deriva de las asociaciones cívicas.