Finalmente, después de infructuosas reuniones entre los principales partidos de la izquierda española, el rey Felip VI ha comunicado hoy a la presidenta del Parlamento, Meritxell Batet, que no propone ningún candidato y, así, aboca el país a unas elecciones el próximo 10 de noviembre. Lo ha hecho después de reunirse una vez más con los principales líderes políticos del país y de comprobar que el presidente en funciones y candidato socialista, Pedro Sánchez, no había conseguido la mayoría suficiente para la investidura.

Al final ha podido más la animadversión entre Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que el interés general y ambos se han enrocado en sus posiciones iniciales: Sánchez no quiere a Podemos en el gobierno español e Iglesias no ha querido regalar los votos de su formación sin pactar un gobierno de coalición.

Tampoco ha prosperado la idea in extremis del líder de Ciutadans, Albert Rivera, que, sorprendiendo a todo el mundo, planteaba ayer una abstención a cambio de un conjunto de condiciones, entre ellas la aplicación del 155 y el compromiso del nuevo presidente de no indultar a los líderes independentistas en caso de condena.

Los principales líderes políticos coincidían después de hablar con el rey que Sánchez no a querido llegar nunca a la investidura, que su objetivo ha sido siempre el de repetir elecciones para mejorar los resultados, una hipótesis que avalan las últimas encuestas electorales.