La educación ocupa un rol estratégico fundamental en el Plan de nacionalización que puso en marcha en 1990 el gobierno de Jordi Pujol. EL TRIANGLE ha tenido acceso a este documento, que es clave para conocer y comprender la historia de Cataluña de las últimas tres décadas y lo está publicando por capítulos en el semanario, que se puede encontrar en los principales quioscos del territorio. 

Según el Plan de nacionalización, en la escuela se tiene que “impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes”. También se tiene que “garantizar el perfecto conocimiento de la geografía, de la historia y otros rasgos socioculturales de Cataluña y potenciar el uso de la lengua catalana por parte de profesores, maestros y alumnos”. Esto, “teniendo presentes los valores propios de nuestro pueblo y los valores universales de la humanidad”. 

Jordi Pujol tenía muy clara su alianza con la Iglesia católica, que promovió y fomentó durante su largo mandato de 23 años. En este sentido, el Plan de nacionalización recalca la “defensa ideológica y práctica del modelo escolar mixto (escuela pública y escuela privada)”, que beneficia de manera especial a las escuelas religiosas. 

Según este programa de ingeniería social, los inspectores de la Generalitat tenían que “exigir el correcto conocimiento de la lengua, la historia y la geografía de Cataluña y de los Países Catalanes a todos los profesores, maestros y alumnos”. También contemplaba que “en las escuelas universitarias de formación del profesorado de EGB se incorporen los valores educativos y el conocimiento de la realidad nacional catalana”. Además, se preveía un “plan de formación permanente y de reciclaje del profesorado que tenga en cuenta los intereses nacionales”. 

El Plan de nacionalización quería que los maestros fueran activistas y por eso proponía “velar por la composición de los tribunales de oposición”, de forma que actuaran como filtro eficaz. En este sentido, contemplaba “reorganizar el cuerpo de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza. Vigilar de cerca la selección de este personal”. 

En cuanto a los alumnos, se los quería adoctrinar con la campaña El país en la escuela, que preveía actividades como la “canción popular, sardanas, ballets, teatro, poesía (…)”. Los padres tampoco se escapaban del radar de Jordi Pujol. Según el Plan de nacionalización, había que “incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas”.