El juez Pablo Llarena, que instruyó la causa por la convocatoria del referéndum del 1 de octubre, ha podido pasar diez días de vacaciones en la Costa Brava relativamente tranquilo. Para conseguirlo ha limitado al máximo sus salidas a la calle o la playa. Lo ha hecho siempre acompañado de un discreto servicio de escoltas. Su presencia ha pasado inadvertida para los grupos que el verano pasado lo abuchearon mientras cenaba en Mont-ras con unos amigos entre los que se encontraba el entonces concejal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona Alberto Fernández Díaz. Aquella acción se la atribuyó un Comité de Defensa de la República (CDR) de la zona. Llarena se ha trasladado a vivir en Madrid después de que miembros de Arran ensuciasen con pintura amarilla la entrada de su domicilio en Sant Cugat del Vallès.

En la ausencia de incidentes puede haber influido el hecho que desde hace meses el juez Llarena no protagoniza las noticias vinculadas al proceso judicial que instruyó y ahora la cara conocida por los activistas independentistas es el magistrado Manuel Marchena, que ha presidido la sala del Tribunal Supremo que ha juzgado esta causa.