La Diada acostumbra a ser el pistoletazo de salida del curso político en Cataluña y mientras esperan que llegue la sentencia del procés las formaciones políticas afrontan un otoño convulso con reuniones y congresos trascendentales, marcados por las tensiones internas. En el espacio explosionado de la posconvergéncia es donde se prevé que haya más rotura.

El heredero de CDC, el PDECat, vive hasta el 20 de septiembre un proceso participativo entre sus bases, 14.000 militantes, para diseñar el futuro del partido. Los posconvergentes tienen que decidir su relación con JxCat y la Crida impulsada por Carles Puigdemont. Si aceptan el abrazo del oso de estas dos organizaciones más unilateralistas, firmarían el certificado de defunción del PDECat. Los defensores de la moderación empiezan a mover ficha con una reunión, que algunos sitúan como el inicio de la escisión, el 21 de septiembre en el monasterio de Poblet.

Al cónclave asistirán más de 200 personas, entre las cuales está Marta Pascal actual senadora de JxCat y antigua coordinadora del PDECat. Pascal, que no esconde las críticas a Puigdemont, no descarta la creación de un nuevo partido. En el encuentro de Poblet también estarán otros defenestrados por el expresidente, como por ejemplo el exdiputado al Congreso, Carles Campuzano, además del exconsejero y exalcalde de Sant Cugat del Vallès, Lluís Recoder, la eterna apuesta del sector moderado. Una amalgama de nacionalistas e independentistas unidos por el mínimo común de la renuncia a la vía unilateral.
En el otro extremo del mundo posconvergente, Puigdemont, haciendo bandera de la unilateralidad, apuesta por la Crida que celebrará el 17 de septiembre una asamblea ideológica para crear los nuevos órganos de gobiernoen en el mes de noviembre. Este movimiento político está muy lejos de lograr el objetivo de transversalidad que anunciaban sus impulsores. Según datos de la formación la Crida suma ahora mismo unos 54.000 adheridos y unos 17.000 fundadores, es decir, personas que han pagado 10 euros y que, por lo tanto, son las que tienen derecho a voto y podrían considerarse afiliadas. Puigdemont, que no quiere perder protagonismo, dirige desde Waterloo los pasos de Quim Torra en la Generalitat y Laura Borràs en el Congreso.

Una estrategia de confrontación que se contrapone a ERC, que bajo el liderazgo sólido e incontestable de Oriol Junqueras representa el rechazo a la unilateralidad. Pero, todo y la aparente unidad de la formación republicana, una corriente crítica interna, bajo el nombre de Colectivo Primer d'Octubre, amenaza con sacudir el congreso de ERC de otoño reclamando a la dirección planteamientos más contundentes contra el Estado y más democracia interna.

Los discursos más moderados de Gabriel Rufián, la voz de ERC en Madrid, han provocado malestar en los sectores más ortodoxos. De este modo se reproducirá el pulso que algunos sectores de las bases plantearon durante la conferencia política de los republicanos en 2018 y que forzaron a la cúpula a incluir de nuevo en la ponencia propuesta la defensa de la unilateralidad, eso sí, como último recurso.

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