Carles Puigdemont y Junts per Cataluny (JxCat) dan por amortizado al todavía presidente de la Generalitat, Quim Torra, y se preparan para nuevos escenarios políticos que podrían pasar por un adelanto electoral. Unos comicios, pero, que se querrían dilatar el máximo posible para aclarar el candidato de los postconvergentes a la presidencia del gobierno catalán. En todo caso, la decisión final y el calendario electoral definitivo llegarán siempre desde Waterloo. También el independentismo "pragmático", presente en parte del Partido Demócrata Europeo Catalán (PDECat) y de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), considera necesario un cambio, un vez constatado que Torra no es un interlocutor reconocido por el gobierno central.

La immolació del presidente Torra ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), cuando asumió la desobediencia por no haber retirado a tiempo el lazo amarillo ni la pancarta a favor de los presos en periodo electoral, podría acabar en una sentencia de inhabilitación. Ante el juez reconoció el delito aduciendo que "era imposible cumplir una orden ilegal" y se mostró dispuesto a hacer el último "servicio a la causa del procés". Torra, que ya se autodefinió como "presidente vicario" de Carles Puigdemont y se descartó como candidato, apeló como testamento político a la épica ante el tribunal.

Si el presidente es inhabilidad, asumiría sus funciones temporalmente el vicepresidente, Pere Aragonés, y tal como marca la ley se tendría que presentar un nuevo candidato a la investidura. JxCat tendría que escoger un de sus diputados porque se presentara a la investidura. En el supuesto de que no prosperara la elección del nuevo presidente, se convocan automáticamente elecciones. Ahora, dirigentes de JxCat, esperanzados por haber aguantado electoralmente el 10-N ante Esquerra, e incluso haber recortado diferencias con los republicanos, no ven tan perjudicial la amenaza de unas elecciones el año que viene.

A corto plazo, confían que ERC acabe facilitando la investidura de Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno, aunque sea con la abstención. Desde JxCat se prepara el terreno para devaluar el posible acuerdo entre republicanos y socialistas y quedar muy posicionados, con un espacio muy definido, de cara a unas elecciones autonómicas. El objetivo de JxCat también es no aparecer como "bloqueadores" de cara al tradicional electorado convergente, a pesar de elevar las exigencias negociadoras. Los dirigentes postconvergentes también buscan maniobrar rápidamente y evitar posibles fugas internas de sectores más moderados que ante una cita electoral cerrarían filas en defensa de la unidad.

El punto débil de la estrategia es la ausencia de un cabeza de lista con garantías. A estas alturas hay más rumores y quinielas que realidades. Sectores del PDECat recuerdan que el expresidente Artur Mas acaba en febrero del año que viene su inhabilitación. Pero Junts per Catalunya sigue brandando la figura de Carles Puigdemont, pendiente de la decisión de la justicia belga, como posible cabeza de cartel si es extraditado o si adquiere la inmunidad como europarlamentario. La exploración de grietas legales que permitieran la candidatura de Puigdemont siempre ha sido una constante para JxCat.

Otro de los escenarios abiertos es que un acuerdo a tres bandas con PSOE, comunes y Esquerra permita alargar una legislatura que muchos dan por "caducada". Si los republicanos pactan con Sánchez y permiten un gobierno del PSOE y Podemos a la Moncloa, y al ayuntamiento de Barcelona facilitan la aprobación de las cuentas municipales a cambio del apoyo de los comunes a los presupuestos de la Generalitat, el gobierno de Torra podría tener más recorrido. De todas maneras, la fecha de caducidad la marcarían los tribunales si se produce la inhabilitación.