Artur Mas lideró, a partir de 2011, un gobierno en Cataluña que se aplicó a recortar las partidas presupuestarias sociales de manera drástica. Sólo Castilla-La Mancha, presidida por la popular Dolores de Cospedal, hizo recortes más radicales. En Cataluña, el gasto social bajó en 5.538 millones. En cuanto a la sanitaria se adelgazó de 9.875 a 8.290 millones de euros en cuatro años. Estos recortes afectaron todos los ámbitos de la atención de la salud pública, tanto el número de sanitarios activos como el de camas hospitalarias o el aumento de las listas de espera.

La persona a quien Artur Mas encargó que diera la cara por estos recortes fue Boi Ruiz. Antes de sustituir a Marina Geli como consejera de Salud durante los gobiernos tripartitos de izquierdas en la Generalitat, Boi Ruiz era el presidente de la Unión Catalana de Hospitales, patronal del sector sanitario privado. Su mentalidad quedó clara en unas declaraciones que hizo en la agencia EFE en octubre de 2011: "La salud es un bien privado que depende de cada ciudadano y no del Estado (...). La salud depende de un mismo, del código genético de cada persona, de sus antecedentes y de sus hábitos". Aquellas afirmaciones fueron, lógicamente, criticadas por los sectores ciudadanos defensores de la salud pública. Incluso Amnistía Internacional le mandó una carta para recordarle que el derecho a la salud es un derecho humano reconocido por las instancias internacionales y que España y Cataluña lo tienen que respetar.

Los recortes aplicados por el tándem Mas-Ruiz entre los años 2011 y 2015 supusieron que el número de sanitarios se redujera de 76.306 a 73.899 mientras que el de camas hospitalarias bajó de 14.072 a 12.902. Además, puso en marcha un copago que obligaba a los ciudadanos a pagar un euro por cada receta que se llevaba a la farmacia. Los mismos farmacéuticos se sublevaron contra una medida que el Tribunal Constitucional acabó prohibiendo. Las listas de espera, está claro, se dispararon.

Las listas de espera más largas, sólo detrás de Andalucía
En Cataluña había 181.264 personas pendientes de una intervención quirúrgica en diciembre del año pasado, según datos del CatSalut. Uno de cada cuatro catalanes que está en lista de espera por una operación tarda medio año o más a entrar al quirófano. De cada mil catalanes hay 23,32 en listas de espera. Sólo Andalucía supera Cataluña en el tiempo medio que los pacientes tienen que esperar para una intervención quirúrgica, según datos del ministerio de Sanidad.

En Andalucía este tiempo de espera es de 164 días. En Cataluña, de 146. Castilla-La Mancha está prácticamente empatada con Cataluña en esta clasificación. Las especialidades que aportan más pacientes a las listas de espera en Cataluña son traumatología, oftalmología y dermatología. Los recortes presupuestarios aplicados por los gobiernos de Artur Mas dispararon las listas de espera. Toni Comín, el consejero que sustituyó a Boi Ruiz al frente del departamento de Salud, destinó 57 millones de euros a la reducción de las listas de espera para operaciones, pruebas diagnósticas y consultas externas. Comín anunció que con esta inversión se reducirían un 10% las listas de espera. La realidad, pero, es que sólo se limaron un 0,4%. Los presupuestos de la Generalitat pendientes de aprobación prevén dedicar 20,2 millones de euros, una tercera parte.