Dividido y en medio de un largo y agotador proceso preelectoral de lucha por el liderazgo del espacio soberanista es como afronta el independentismo catalán la mesa de diálogo y negociación entre los gobiernos español y catalán. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), los grandes abanderados de la apuesta por el diálogo, reclaman con urgencia concreciones para exhibir sus éxitos y aseguran que "no se levantarán nunca de la mesa". Por el contrario Junts prr Catalunya (JxCat) multiplica los palos a las ruedas de una iniciativa que los daría rédito electoral siempre que fracasara. Los postconvergentes que representan "el independentismo más intransigente" han comenzado la estrategia de "la erosión del rival electoral".

La figura del mediador, que ya malogró el anterior intento de diálogo del Palacio Real de Pedralbes, ha acontecido un nuevo motivo de fricción entre los socios de gobierno en Cataluña. Junts per Catalunya, conscientes que desde Madrid nunca se aceptará la presencia de esta figura, ha convertido su exigencia en una reclamación "irrenunciable". El mismo presidente de la Generalitat, Quim Torra, desde la cámara catalana, pidió que se respetaran las decisiones del Parlament, en referencia a la moción que JxCat, la CUP y también ERC aprobaron y que reclamaba la figura de un "mediador internacional". Por su parte, Esquerra pide que "el mediador" no sea excusa para no iniciar el diálogo, y sugieren que los postconvergentes pretenden "abortar la negociación" para dejar en falso a los republicanos.

Consciente de esta divergencia explícita, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, no tiene prisa para acelerar la adopción de acuerdos, y su máxima preocupación es evitar divergencias internas en su ejecutivo con los socios de Unidas Podemos. Con este objetivo, Pedro Sán­chez ya movió ficha incorporando al líder de la formación morada, Pablo Iglesias, a la mesa de diálogo. Desde el PSOE se intenta dar una muestra de unidad interna controlando los barones contrarios a la negociación con el independentismo, mientras Sánchez continúa defendiendo desde el Congreso la negociación con Cataluña y apelando al PP a hacer una "oposición leal en España" y que "no se deje arrastrar por la deriva extremista".

Los populares, que no ahorran críticas contra el presidente por las negociaciones con los independentistas, reconocen en privado que Sánchez "es más hábil que (José Luís Rodríguez) Zapatero" porque "promete poco" y "tiene más capacidad para no defraudar". Pero la imagen dialogante del actual presidente del gobierno y la presencia de Iglesias en la mesa de negociación también busca desactivar "el discurso antiespañol" que se lanza desde Waterloo. Se trata de un presidente del gobierno preocupado por el efecto que pueda tener el diálogo en Cataluña en las elecciones autonómicas vascas y gallegas. El PSOE tiene en estos comicios una primera prueba de fuego del pacto de gobierno con Podemos, y confía a recuperar poder autonómico. En la línea de ganar tiempo y no hinchar expectativas, el primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, ya ha alertado que la mesa de diálogo y negociación "no tiene el éxito garantizado", y pide calma para conducirla "a buen puerto".

Otro de los puntos clave de esta mesa es el papel que tienen que jugar los políticos presos y exiliados. En este debate el independentismo no ha definido ninguna hoja de ruta y las posiciones no están alineadas. La consejera catalana de la Presidencia, Meritxell Budó, por parte de JxCat, ya ha defendido "dar voz" al expresidente Carles Puigdemont y a los políticos presos .en la mesa de diálogo, y el presidente del grupo parlamentario de ERC, Sergi Sabrià, se limita a decir que los "presos y exiliados" tienen que tener un "papel estratégico", pero no concreta con qué formato se tiene que trasladar esto a la mesa negociadora que se reune este miércoles por primera vez.