El 27 de octubre de 1994, Joan Rigol, entonces vicepresidente primero del Senado, envió una carta a Jordi Pujol en la que le hacía llegar sus ideas sobre la reforma de la cámara alta que se estaba discutiendo en una ponencia parlamentaria. Rigol creía que "debemos recuperar, de cara al Estado el sentido confederal de nuestra cultura. Es decir, mantenemos la plena soberanía, aunque la queremos compartir: es el Estado pluricultural, plurinacional. A la larga, el mapa de Europa será el de las culturas".

En la carta, a la que ha tenido acceso EL TRIANGLE, Rigol comunicaba a Pujol su recelo por la oposición del Partido Popular a una reforma del Senado que le confierese un carácter más abierto a las reivindicaciones de las comunidades autónomas. "Me preocupa el lerrouxismo que nos viene de la derecha: el PP necesita obtener unos diputados en Catalunya y cree que sólo puede hacerlo de esta manera. Debemos neutralizarlo, sea como sea ", escribió Rigol.

Sus reflexiones sirvieron de poco, porque de la reforma del Senado se ha escrito y hablado mucho desde la reinstauración de la democracia en España pero continúa rigiéndose por las mismas normas desde hace cuarenta años. "Conviene que ni los políticos de otros criterios ni los técnicos nos condicionen nuestra iniciativa; aunque después tendremos que pasar a los técnicos jurídicos", comentaba Rigol. Y sugería que pidieran su parecer a Carles Viver Pi-Sunyer, entonces miembro del Tribunal Constitucional español a propuesta de Convergència i Unió (CiU) y que, más tarde, acabaría siendo una pieza clave de la arquitectura jurídica del proceso independentista, como presidente del Consejo Asesor para la Transición Nacional. Un año y medio después, CiU hacía presidente a José María Aznar y Rigol dejaba de ser senador. Las propuestas de Rigol y de CiU quedaron en el cajón.Pàgina 6