La pusilanimidad y complicidad de los políticos locales han hecho que la comarca del Anoia se haya convertido en el destino de los residuos urbanos del área metropolitana de Barcelona, que se vierten, día y noche, en el macrovertedero de Can Mata, en Hostalets de Pierola. Además, el municipio de Castellolí acoge un enorme vertedero de residuos tóxicos.


Ahora, la comarca empieza a despertar de este largo letargo que la ha convertido en el estercolero de Cataluña. La empresa CESPA (Ferrovial), que explota el vertedero de Can Mata, ha solicitado a la Generalitat una ampliación de las instalaciones que, en la práctica, supone duplicar casi las actualmente existentes, con la apertura de cuatro nuevos agujeros con capacidad para 4,5 millones de metros cúbicos de basura.


El año pasado, EL TRIANGLE ya denunció que el macrovertedero de Can Mata estaba casi lleno y que en algunos puntos superaba la cota máxima que en su momento autorizó la Generalitat. El pasado 5 de octubre, el DOGC publicó el anuncio de información pública de una "modificación sustancial de la autorización ambiental" del vertedero de Can Mata, propuesta por CESPA.


Esta "modificación sustancial" comporta ampliar la zona de vertedero en 17,3 hectáreas y se calcula que alargará su utilización durante 11 años más. Pero, esta vez, los vecinos que sufren más directamente las molestias de trasiego y malos olores que ocasiona esta instalación han dicho basta y que lo que hace falta es cerrarla.


Los ayuntamientos de Masquefa, Piera y Esparreguera y el consejo comarcal del Anoia han presentado alegaciones en el periodo de información pública. También la plataforma de afectados por el vertedero de Can Mata ha vuelto a levantar la voz para denunciar las numerosas irregularidades que rodean la gestión de este vertedero –como por ejemplo los residuos de sales de aluminio y fibrocemento que se han vertido– y exigir su clausura.


Quién tiene las de perder es el alcalde de Igualada (capital del Anoia) y presidente de la Diputación de Barcelona, Marc Castells, que calla como un muerto ante la creciente indignación vecinal.