La ciudad se ha vuelto irrespirable. Tanto, que más de 3500 personas de la ciudad y de sus alrededores han muerto por causas derivadas de la contaminación. Ni las campañas alabando el azul Mediterráneo o la bonanza del clima, ni la postal que se vende al Mobile pueden esconder la niebla gris que encapota la ciudad. Los miradores del Tibidabo o Montjuic, donde centenares de turistas llegan para hacer una panorámica de la ciudad, devuelve una imagen oscura y sucia, y con un aire que cuesta mucho respirar. 

Barcelona está, estos días, en el escaparate del mundo, pero la imagen de postal está un poco borrosa. Una espesa capa de color gris enturbia la ciudad y el ambiente es irrespirable. Los índices de contaminación a la ciudad se han disparado en lo que ya se considera como una “tormenta perfecta”, es decir, se han dado todos los condicionantes por los cuales los indicadores están al máximo. A la contaminación habitual se tienen que sumar el anticiclón meteorológico, la intrusión del polvo del Sáhara y el aumento del tráfico debido a los 107000 recién llegados a la feria del Mobile World Congress. 

Esta permanente boina gris instalada sobre la ciudad es lo que ha llevado a Román Martín a poner una denuncia contra el Ayuntamiento de Barcelona por incumplimiento de la ley en materia medioambiental y del derecho básico a disfrutar de un aire limpio y respirable. La denuncia, que está en trámite, consiste en pedir el Ayuntamiento que cumpla el límite europeo de dióxido de nitrógeno. Europa ha fijado el límite en 40mg/m2, pero desde hace más de 10 años este límite se supera. La media anual a Barcelona es de 60mg/m2, y en ocasiones, como en el momento actual se ha llegado a más de 100. Hace un par de horas estábamos a 71mg/m2. 

La denuncia de Román no es más que la punta del iceberg de la contaminación a Barcelona. Un hecho que afecta, según datos aportados en la propia denuncia, a un elevado porcentaje de la población. Se calcula que cada año, en Barcelona y su área metropolitana mueren 3500 ciudadanos por causas relacionadas con la contaminación. Un informe municipal confirma que entre los años 2010 y 2017 hubo 420 muertos por un exceso de partículas finas en el aire… y esto no se controla diciendo que en días puntuales no se coja el coche u ordenando a las constructoras que rieguen más a menudo para evitar el polvo. 

“Es cierto que estamos en una punta de contaminación”, asegura María García, representando de Ecologistas en Acción, asociación integrada en la plataforma Qualitat de l’Aire, “pero el problema de Barcelona es la contaminación crónica. Estamos respirando, a diario, unos niveles tóxicos muy elevados, ahora mucho más porque tenemos encima el anticiclón”. Ecologistas en Acción divide en tres, los principales focos contaminantes, un 50% es por el humo de los vehículos que circulan por la ciudad, más de un millón de movimientos al día, y el resto por la contaminación del Puerto y de la industria de la ciudad. “La contaminación que respiramos, todo el mundo, a diario es la de los vehículos, por qué es más difusa y se expande. El resto, del Puerto y de la industria, acostumbran a incidir mucho más en los territorios de los alrededores, por ejemplo, en los barrios de Paral.lel, Poble Sec, Sants... Pero la contaminación de Barcelona, en general, llega a los Pirineos”. 

La Generalitat ha apretado el botón del preaviso y recomienda, para reducir la contaminación, no coger el coche. Una iniciativa a la que ha se ha sumado el Ayuntamiento, topándose de frente con la huelga del transporte y el Mobile. Desde los sindicatos del transporte afirman que esta medida únicamente sirve para forzar la negociación y aumentar los servicios mínimos, y el Mobile se inhibe. Los réditos económicos de los 100000 visitantes son mucho más elevados que la contaminación que puedan generar. La polémica medida tiene un punto muy timorato, puesto que no actúa en la raíz del problema “lo que más contamina son los coches y la medida de reducir el tráfico solo remienda. Se tiene que poner el tema de la contaminación en la agenda política para qué se tomen medidas que quizás no son populares pero sí eficientes”.

Una de estas medidas es el peaje para acceder a la ciudad, que está implantada con éxito en ciudades europeas como Estocolmo, pero esta propuesta choca con lo que quiere y está poniendo en marcha el Ayuntamiento. “La mesa del Ayuntamiento ha puesto en marcha la creación de una zona de baja emisión”, explica García, “especialmente si hay episodios de dióxido de nitrógeno, pero esto pasa de manera muy puntual, como por ejemplo ahora. Lo que realmente importa es la contaminación crónica, los valores anuales, producida por el tráfico, y en contra de esto no han hecho nada”. El peaje para entrar a la ciudad, que ha se ha puesto sobre la mesa en varias ocasiones, es una polémica y disuasoria medida que reduciría drásticamente la contaminación en la ciudad, “tenemos la densidad de vehículos más alta de Europa, el doble que Madrid, por ejemplo y el triple que Paris o Londres, por el hecho que Barcelona es una ciudad de paso, de gente que entra y se va. Las rondas, las vías rápidas que atraviesan la ciudad, las grandes avenidas... todo está pensado por y para los coches, sin apostar por el transporte público o una movilidad mucho más sostenible”.

Colau aprobó a finales del 2017 un protocolo, que entrará en vigor al 2020, por el cual los vehículos se dividirán por categorías, de cara a futuras restricciones de tráfico según la contaminación. Son los famosas pegatinas A,B,C que ya se pueden ver en algunos vehículos “pero lo que nosotros denunciamos”, declara la representante de Ecologistas en Acción “es que las pegatinas encubren el fraude del diesel por qué estas supuestas mediciones no se corresponden con las emisiones reales de los vehículos, si no con la edad de los coches. Del millón de vehículos de Barcelona con estas pegatinas solo se sacarían de circulación un 10% y en cambio se quedarían automóviles muy contaminantes”. Dicho de otro modo, se penalizará los coches más antiguos, a pesar de que en ciertas ocasiones, los más modernos, por su alta potencia, queman, y contaminan un 40% más que los más viejos. La entidad ecologista, que acusa a Colau de excesivo conservadurismo, considera que la medida va dirigida a incentivar que la gente se compre un coche nuevo y se renueve el parque de vehículos, pero no sacarán los coches de las calles. “Estas medidas son para cubrir el expediente, pero no hacen una intervención seria. Ahora hemos puesto alfombra roja por qué entren los vehículos privados a la ciudad, y esto entra en contradicción con el derecho a respirar bien y saludable. Tenemos que llegar a conseguir que el coche sea residual a la ciudad y conquistar el espacio por los ciudadanos. El primer paso es posar el peaje, por qué la gente no cogerá el automóvil si tiene que pagar”. Mientras Colau deshoja la mustia margarita, los ciudadanos seguiremos respirando un aire contaminado, veinte puntos por encima de lo que marca la normativa europea.