La nueva temporada que acaba de empezar ha traído a TV3 las mismas caras y los mismos vicios de la temporada pasada. Nada ha cambiado al imperio dirigido por Vicent Sanchis, sordo a todas las demandas de objetividad y pluralismo, que es lo que hay que esperar de una televisión pública. Atrincherado en su silla, de la cual ha reiterado a la comisión de control de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) que no piensa levantarse por voluntad propia, Sanchis continúa permitiendo que sus redactores incumplan sistemáticamente el libro de estilo de la CCMA, volcando opiniones políticas en las redes sociales, mientras él se niega a programar un documental sobre los negocios de la familia Pujol aduciendo que como que el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, no quiere hablar incumpliría el criterio de este libro de estilo, que reclama la confrontación de puntos de vista en cualquier información que se difunda.

Quien mejor representa el estilo San­chis de concebir la forma de trabajar es Xavier Graset. El director y presentador del programa Més324, que incluye, de lunes a viernes, de 22 a 23:30 h, la tertulia de análisis político del que ha pasado durante el día. Su programa se decanta abiertamente por las ves independentistas y así lo detectan todos los informes oficiales o desde la oposición que se han hecho. Pero el elemento más absurdo del Més324 es que Graset se niega a dejar de pasar sobreimpresionadas las opiniones de supuestos espectadores –muy a menudo hay que corresponden a perfiles falsos evidentes– insultando a los políticos y a los partidos no independentistas y todo aquello que huela a España.

EL TRIANGLE eligió al azar uno de los programas del Més324 y constató que aquel día –el viernes 4 de septiembre– se sobreimpresionaron 25 mensajes de los espectadores enviados a través de Twitter. Los 25 criticaban o insultaban a España y al Gobierno español y sus políticas. Y estos mensajes van desfilando por la pantalla mientras los tertulianos –siempre en proporción de dos a uno a favor del procesismo, como mínimo– van comentando los hechos del día.

El último contrato de Graset con la CCMA para hacer el Més324 lo firmó el 31 de julio del año pasado y le supuso 107.000 euros de ingresos, 30.000 más que el primero que firmó ahora hace cinco años. La web de la transparencia de la CCMA todavía no ha publicado su sueldo de este curso. El resto de la programación de TV3 no experimenta cambios importantes. Els matins, con Lídia Heredia, pierde una hora, que gana Planta baixa.

Estos dos programas mantienen un tono periodístico y relativamente ecuánime que desaparece del todo en el vespertino diario Tot es mou y en el FAQS del sábado. En tono teóricamente humorístico, Està passant, de Toni Soler, se añade a la cacería de todo aquello que suene a españolismo. Y los dos programas de documentales de la casa –Sense ficció y 30 minuts– han caído en el desprestigio total después de que Sanchis los entregara a dos procesistas convencidos: Montse Armengou y Carles Solà.

Guerra abierta entre ERC y JxCat en los medios públicos
Los comités de empresa y los sindicatos de periodistas reclaman que, de una vez por todas, se renueven los cargos de dirección de la CCMA y, por lo tanto, de TV3 y Catalunya Ràdio. Cuando la presidenta en funciones de la CCMA, Núria Llorach, fracasó en su tentativa de cesar a Saül Gordillo como director de Catalunya Ràdio, anunció que iniciaba este proceso de renovación.

El Parlament aprobó hace diez meses la reforma de la ley de la CCMA, que obliga a hacer estos cambios, pero la pugna entre ERC y JxCat para conservar y repartirse el control de TV3 y Catalunya Ràdio hace que no se avance nada en esta vía. Mientras tanto, portavoces destacados de las formaciones políticas se acusan mutuamente de controlar la radio y la televisión públicas en beneficio propio.

Desde el partido que dirige Carles Puigdemont desde Waterloo se lanzan acusaciones contra ERC y, concretamente a Sergi Sol, persona de absoluta confianza de Oriol Junqueras, de dirigir desde la sombra TV3 y Catalunya Ràdio y de vetar tertulians postconvergents. Desde ERC se ha presionado abiertamente para que Pilar Rahola tenga menos protagonismo en TV3. Vicent Sanchis acabó recortando las intervenciones de Rahola en el Tot s mou. Mientras tanto, los sectores más hiperventilados dicen que ya no miran TV3 porque, según ellos, es demasiado "ñorda".