El obispo Pere Casaldàliga ha muerto este sábado 8 de agosto en un hospital de la población de Batabais, en el estado de Sao Paulo, en Brasil. El martes había sido ingresado en ese centro hospitalario en un estado de salud muy frágil que hacía temer el desenlace final procedente de Sao Félix de Araguaia, en el centro del país. Hacía años que sufría la enfermedad de parkinson, además de complicaciones respiratorias.

Pere Casaldàliga nació en Balsareny, en la comarca del Bages, el 16 de febrero de 1928. A los nuevo años se incorporó al seminario claretiano de Vic y en 1952 fue ordenado sacerdote en Barcelona. Después de ejercer en Barcelona, Sabadell, Barbastro y Madrid, en 1968 se trasladó pimero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo más de un año, y, después, a la región brasileña de la Araguaia donde fundó una misión claretiana. Desde entonces nunca volvió a su tierra natal.

Representante de la teología de la liberación, ha mantenido posiciones críticas con la iglesia oficial, lo que supuso que el Papa Joan Pau II lo llamara al Vaticano para que diera explicaciones de cómo aplicaba la pastoral cristiana ante el cardenal Ratzinger, que le sometió a la misma tortura psiológica que impuso al brasileño Leonardo Boff, también representante de la teología de la liberación Se le conocía como obispo de los pobres por su defensa de las comunidades más empobrecidas. Este compromiso con los más desfavorecidos, los campesinos y los indígenas le supuso amenazas de muerte e intentos de asesinato.

Autor de varios libros de poesía comprometida, pese a su jubilación, a los 75 años continuó trabajando con las comunidades a las que ha dedicado su vida. En 2006, el presidente de la Generalitat Pasqual Maragall le entregó en Sao Félix de Araguaia el premio Internacional Catalunya. "La tarea más esencial de la humanidad es la de humanizarse" y "sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones", dijo al recoger el premio.