Mientras delante todo son luces y colores, la parte de atrás del mercado de la Boqueria, la plaza de la Gardunya, ofrece una cara muy diferente de lo que es la realidad barcelonesa. Turistas que comen en el suelo conviven con los sintecho que viven y se pelean bajo los porches de la Massana. Suciedad, malos olores, y una transformación anunciada a bombo y platillo hecha hace menos de cuatro años que se degrada por instantes. Los vecinos están hartos de la degradación de la plaza y reivindican su uso. "Desde hace una temporada es la tónica general de la plaza", explica Lluís González, miembro de la asociación de vecinos del Raval, "y lo dice todo el mundo, los vecinos de los bloques nuevos se quejan, los paradistes de la Boqueria se quejan, los estudiantes de la Massana se quejan. Hay una sobreocupación de la plaza y no se corresponde con el mantenimiento. Está sucia, dejada en todos los aspectos desde el urbanístico a la limpieza".

Los vecinos, hartos de los incumplimientos sistemáticos del gobierno del distrito han elevado sus protestas y quejas hasta la misma alcaldesa, pero tampoco han recibido una respuesta. "El ayuntamiento está informado pero no nos dice nada. Todo el mundo lo ha dicho desde la asociación a los mismos vecinos, pero nada", explica González. Las peleas, colchones en la entrada de los parkings, meados... son el pan de cada día de los trabajadores y comerciantes de la zona "y todavía es peor el fin de semana por qué viene mucha gente a dormir", nos comenta un comerciante de una calle adyacente, añadiendo que "la plaza está hecho de rincones que permiten todo esto". Parece cuando menos curioso que la palabra gardunya en catalán era utilizada para denominar las organizaciones criminales o los bajos fondos. La historia parece que está condenada a repetirse

La plaza de la Gardunya forma parte de la reestructuración para esponjar el distrito de Ciutat Vella, pero todo y la reforma no ha dado nunca los resultados previstos. El proyecto quería recuperar la parte de atrás de la Boqueria, un espacio muy degradado, y dotarlo de entidad propia instalando la nueva Escuela Massana, eje de una nueva centralidad, y construyendo vivienda de protección oficial. Lo que había sido el muelle de carga y descarga del mercado parecía que tenía nuevas perspectivas pero todo ha acabado en una plaza dura con pocos árboles y sobre ocupada permanentemente.

"Es un poco un vertedero. Los turistas la usan de comedor, compran cualquier cosa en el mercado y a comer en la plaza", explica Antonio, miembro de la asociación de vecinos del Raval, y "además, cerca tenemos la plaza de Sant Agustí donde hay un comedor social. Cuando hay demasiada gente y saturan la plaza llega la Guardia Urbana y los echa, y vienen todos a parar a la de la Gardunya. Entre gente, Massana y los bloques de pisos, nos han dejado la plaza que parece un pequeño patio". Las brigadas de limpieza pasan a menudo a limpiar la grasa que dejan los restos de comida y la suciedad que se acumula en todos lugares pero no pueden evitar la pestilencia que a ciertas horas invade toda la plaza. La Guardia Urbana, según explican los vecinos, no dan abasto para poner un poco de orden a las constantes peleas, donde el alcohol tiene mucho que ver, entre los que duermen bajo los porches de la Massana.

Los vecinos quieren la plaza, la necesitan y la reivindicación pasa por una racionalización de los usos de esta plaza. "Se tiene que incentivar para que sea ocupada por las familias de los bloques con un parque infantil, por ejemplo, que tanta falta hace. No puede ser que tengas un asentamiento de personas durmiendo, viviendo y meando bajo los porches de la Massana porque esto degrada la plaza todavía más", comenta Lluís González. Los vecinos han puesto sobre la mesa un plan de acción pero que ha topado con la inacción municipal. "Si tienes un espacio, no lo cuidas y lo dejas caer, al final la gente lo ve tan degradado que no lo importa nada y se van bajando escalones". En el último escalón está la guerra por la conquista del espacio público en la plaza de la Gardunya