Desde la otra parte la valla, los guardias urbanos de la comisaría del distrito de Ciutat Vella, al 43 de la Rambla, ven como unos spidermans suben por la fachada de un edificio hasta llegar a un piso ocupado, a la calle Unión. Una vez están en el balcón, se giran,  hacen muecas y se ríen provocando los urbanos. Son menores no acompañados (MENA) y, también, okupas profesionales anti-sistema y representan un problema para la Guardia Urbana de Barcelona (GUB), que no tienen competencias para posar freno a esta ocupación.

El hecho de que estemos en una alerta 4 de terrorismo, según los mossos de escuadra, todavía complica más la situación, primero por la inseguridad de un bloque ocupado , des de el cual se puede acceder directamente a esta comisaría, y segundo porque, los ocupas, tienen una vista privilegia de todo lo que hacen los agentes de la GUB en esta comisaría.

El sindicato CSIF ha denunciado la grave situación ante el ayuntamiento y la Jefatura de la Guardia Urbana, pero no han tenido respuesta. El periodo de campaña electoral tampoco ayuda mucho. El edificio ocupado es un inmueble reformado y destinado en apartamentos de lujo, a pesar de que, de momento, todavía hay pisos vacíos, como el que han ocupado los menas y los antisistema.

El sindicato de funcionarios también denuncia un efecto llamada de estos ocupas, sobre todo entre los menas, por la facilidad de acceder a inmuebles sin vigilar. Estas viviendas vacías, a centenares por toda la ciudad, ofrecen un refugio a los mena, que salen todavía con más facilidad del sistema. El efecto llamada, que también denuncian desde Juzgados de Barcelona, ha provocado un aumento de los delitos y por primera vez los juzgados están a borde del colapso por el desbordamiento de denuncias. En Barcelona se registran unos 300 hurtos al día, pero los juzgados solo tienen capacidad para enjuiciar 30 diarios.