Ser migrante extracomunitario en Cataluña multiplica por tres el riesgo de ser pobre. Esta es la principal conclusión que se extrae del estudio sobre migraciones y vulnerabilidad incluido al informe de Indicadores Sociales en Cataluña (INSOCAT) y que elabora la Federación de Entidades Catalanas de Acción Social (ECAS).

El 54% de ciudadanos de origen no comunitario están en riesgo de exclusión social. Si a la condición de inmigrante se suma la de ser mujer, el índice sube al 60%. El porcentaje se ha medido con la tasa Arope, de las siglas inglesas At risk of poverty and exclusión, y se tienen en cuenta indicadores como tener ingresos inferiores al 60% de la media nacional, la carencia de recursos materiales, como por ejemplo no poder pagar el alquiler, la calefacción o hacer frente a gastos inesperados, y la precariedad laboral.

En el informe de ECAS se afirma que el 40% de los trabajadores nacidos fuera de la Unión Europea son pobres en comparación al 9,7% de los españoles. Tener un lugar de trabajo no garantiza evitar la pobreza. Más del 50% de estas personas gana menos de 1000 euros mensuales y el 30% cobra unos 500 euros brutos al mes. Cataluña tiene un 18% de población inmigrada, un total de 1.380.000 ciudadanos, de los cuales un 60% tiene entre 20 y 50 años, es decir, están en edad de trabajar.

Durante la presentación del informe, el vocal de ECAS, Ferran Busquets, ha puesto sobre la mesa que es el sistema público quién tendría que facilitar la integración, puesto que según explica "la población inmigrada que vive en nuestra casa no recibe un apoyo suficiente para salir de la pobreza y salir adelante. La Ley de Extranjería dificulta la integración y las políticas discriminatorias generan diferencias abismales respecto a la población nacida en el Estado español". Uno de los ámbitos donde se pone de manifiesto esta discriminación es en el terreno laboral: la tasa de paro de las personas inmigrantes, un 20,7%, duplica la de los ciudadanos de nacionalidad española, un 9,5%.

La salud también se resiente, tal como se deduce del informe del ECAS. El 33% de los inmigrantes que llegaron a Cataluña hace una década sufren tres veces más problemas de salud crónicos que los llegaron hace un par de años.

Las desigualdades sociales ensanchan una brecha que ya empieza en la escolaridad de los menores. Según se deriva del informe ECAS, un tercio de los alumnos de la ESO con nacionalidad extranjera están en cursos inferiores a los que los corresponde. A guisa de ejemplo en el curso 2017-2018 sólo el 55% de los alumnos de 4t de ESO de nacionalidad subsahariana obtuvo el graduado, una cifra muy lejana del 90% de los que tienen nacionalidad española.