Estos días, Ferrocarriles de la Generalitat (FGC) celebra los 40 años de su fundación. La empresa pública catalana asumió la gestión de varias líneas que habían ido a parar bajo la tutela de la compañía estatal FEVE a causa de su ruina económica.

En estos 40 años, FGC ha realizado una loable tarea de mejora y modernización de su red ferroviaria. Pero, visto en perspectiva, ha primado las comunicaciones de unas comarcas por encima de otras, hecho que incide en su desarrollo económico. La comarca del Vallès ha sido la más beneficiada por la política de inversiones de FGC, mientras que las del Bages (Manresa) y Anoia (Igualada) han quedado claramente marginadas.

Hoy, hacer el trayecto en tren entre Igualada y Barcelona (65 kilómetros) comporta más de 90 minutos. Esto se debe a una deliberada mala planificación: entre Igualada y Martorell, el tren funciona, en realidad, como un tranvía con innumerables estaciones; no se ha procedido al desdoblamiento de la única vía y esto hace que no sea atractivo para los vecinos, que prácticamente no lo usan a causa de su lentitud. Algo parecido pasa con la línea Martorell-Manresa, que solo está desdoblada hasta Olesa de Montserrat y no resulta competitiva con las otras opciones de transporte público: la línea de Renfe o el servicio de autocar.

El plan de infraestructuras ferroviarias elaborado por la Generalitat contemplaba una prolongación de la línea de Igualada hasta Lleida (AVE), pasando por Cervera. Pero los recortes presupuestarios aplicados a partir del 2012 por el gobierno de Artur Mas y el actual naufragio de las finanzas públicas de la Generalitat hacen que este proyecto sea, actualmente, una quimera.