La desescalada de las medidas del estado de alarma por el coronavirus que nos permitirá llegar a la nueva normalidad está dejando atrás a los discapacitados intelectuales y sus familias, según afirman desde la Asociación Empresarial de Economía Social (Dincat). Estas familias denuncian que no hay ningún plan específico, claro y eficiente, que pueda dar garantías para el desconfinamiento de las personas con discapacidad y piden que su incorporación a escuelas, servicios sociales y asistenciales sea prioritaria, sin esperar a una tercera fase tal como está planteada en estos momentos.

El representante del Consejo de Participación de Familias de Dincat, Jordi Durà, explica que "en muchos casos el confinamiento está produciendo un deterioro de estas personas. Si queremos una sociedad igualitaria e inclusiva hay que priorizar sus necesidades". Desde Dincat se reclama al gobierno de la Generalitat que rectifique y que dé prioridad a la desescalada de este colectivo por delante, por ejemplo, de los locales de ocio, y con plenas garantías de protección sanitaria. La Organización Mundial de la Salud, la OMS, alerta que las personas con discapacidad son más vulnerables ante un posible contagio del coronavirus.

Por otro lado, estas personas necesitan una atención especial y sus familiares no los pueden dejar solos para ir a trabajar, por eso reclaman desde Dincat "un permiso laboral retribuido para poder continuar cuidando a sus familiares sin perder el sueldo hasta que se puedan reincorporar a la escuela, el centro ocupacional o el centro especial de trabajo", según explica Jordi Durà.

Además de tener que ser cuidada, una persona con discapacidad intelectual tiene una serie de necesidades añadidas que suponen un coste económico importando para sus familias, por esta razón desde Dincat se pide en el gobierno catalán que se agilice el tema del ingreso mínimo vital, o prestaciones similares, que sea compatible con la ocupación, sobre todo para familias con niveles de renta bajos.

Dincat también reclama espacios adecuados para atender a las personas con discapacidad, que en muchos casos no comprenden ni el aislamiento ni el confinamiento, espacios más abiertos y con la presencia de familiares así como protocolos de acompañamiento emocional y psicológico después del confinamiento para las familias de personas con discapacidad intelectual.