La segunda jornada de protesta de los trabajadores de la empresa automovilística Nissan después de que se anunciara el cierre de las tres plantas indusriales que tiene en Catalunya ha estado marcada por acciones contra locales donde venden automóviles de esta marca. Centenares de trabajadores de Nissan han llenado de octavillas y han estrellado huevos contra los escaparates de los concesionarios de esta empresa en Granollers y Molins de Rei y las que tiene en la Gran Vía y el centro comercial de La Maquinista en Barcelona.

En muchas octavillas se habían imprimido lemas pidiendo que se boicotee a Nissan y se deje de comprar automóviles de esta marca. Más de dos mil trabajadores perderán el trabajo con el cierre de las plantas catalanas de Nissan y se calcula que también irán al paro otras 20.000 que trabajan en empresas que dependen indirectamente de ellas.

Los representantes sindicales no dan por perdida la batalla de la defensa de los puestos de trabajo. "Podemos ir por las buenas a sentarnos a negociar o a la fuerza. ¿Vísteis las imágenes de ayer con el logotipo de Nissan y el humo negro alrededor? Pues esto sólo es el principio", ha declarado Miguel Boiza, delegado de Comisiones Obreras en Nissan. Los portavoces oficiales de la empresa insisten en que la decisión del cierre de las fábricas es irreveresible.

El presidente del gobierno central, Pedro Sánchez, y el catalán, Quim Torra, acordaron, ayer, que la semana que viene se celebrará una reunión entre los dos gobiernos para abordar esta crisis. La solución no puede pasar, según la portavoz del gobierno catalán, Meritxell Budó, por nacionalizar la empresa, tal y cómo ha pedido la CUP y algunos dirigentes de otros partidos, como Gabriel Rufián, de ERC. Budó ha respondido a una pregunta sobre si el gobierno catalán piensa pedir a Nissan que devuelva las ayudas millonarias que le ha dado en los últimos años diciendo que no le pondrá fácil el cierre."Saldrá caro y no será fácil", ha dicho.