Este viernes está convocada una reunión de la junta directiva del FC Barcelona en la que el presidente, Josep Maria Bartomeu, se enfrenta al primer conato de motín de su mandato. El malestar ha crecido entre sectores de su junta que no estaban al corriente de algunas de las actuaciones consentidas desde el staff ejecutivo, considerando que algunos miembros han cobrado un protagonismo excesivo y una concentración de poder peligrosa.

Aunque, en principio, no se trata de los directivos de más peso, Bartomeu se arriesga a encajar una o varias dimisiones, si no es capaz de convencerlos de la corrección de la conducta de ejecutivos como el CEO Òscar Grau y el responsable de presidencia y potencial ideólogo del caso de las redes sociales. Llegado el caso, si no consiguiera aclarar las cosas, estos directivos no entenderían que no se ejecutara con efectos inmediatos una depuración de responsabilidades.

Más allá de este hecho puntual, al que hay que sumar sucesos de fondo de mayor calado como la deserción de la directora financiera, Montserrat Font, han sembrado preocupación tanto el horizonte económico como las acusaciones de Jaume Roures, que habla de una enorme deuda maquillada. Este goteo está agotando la paciencia de directivos que no ven claro el futuro ni cómo afrontar el Espai Barça, incluida la asamblea pendiente, extraordinaria, que se ha ido atrasando.

No se puede hablar de un motín en sentido estricto contra Josep Maria Bartomeu: estos directivos intranquilos no buscan más poder o mayor control. Pero sí que esperan soluciones, respuestas y garantías. Si alguien no saliera convencido y dimitiera, no serían buenas noticias para la cúpula azulgrana en la situación actual.