Al FC Barcelona se le desploman los ingresos derivados de la explotación de las competiciones y de la marca. Excepcionalmente, sólo la apuesta por erl e-commerce y la posibilidad de desarrollar el negocio de los e-sports abren una más que posible expansión en este mercado. En cualquier caso, el retorno que pueda tener no podrá cubrir la caída en los capítulos de más volumen. La economía del Barça, raído y corto, se hunde completamente debido a la única situación, ciertamente inimaginable, como es esta pandemia mundial, que podría haber provocado el paro repentino de la inagotable fábrica de hacer dinero en que se había convertido el Barça.

El problema no es con sólo que los ingresos provenientes de patrocinadores, la venta directa en tiendas y el Museo, las Academy distribuidas por todo el mundo, las giras anuales, los derechos de televisión de la Liga, la Copa y la Champions, la explotación de las instalaciones (hospitality), ticketing, abonos y socios, todos ellos, hayan caído un 30% esta temporada y sean irrecuperables. Lo peor es que el Camp Nou no prevé abrir las puertas al público y, por lo tanto, no volver a ganar dinero hasta la primavera de 2021, yendo las cosas bien.

Este es el gran problema: la pandemia ha sido un fenómeno inesperado sobrevenido cuando el Barça se había convertido en el único club deportivo a todo mundo que había aprobado para 2021 un presupuesto de ingresos de 1.000 millones de euros. Un desafío no exento de cierto maquillaje financiero estratégico y forzado sobre todo por el incremento de su masa salarial, disparada los últimos años. Cuando hoy se empieza a hablar de desescalada, para el club más poderoso de la planeta empieza lo contrario, una escalada durísima, larga y agónica si no se afronta con determinación y medidas excepcionales.
A pesar de las apariencias, la ingeniería financiera azulgrana ya pasaba por un mal momento, agravado por un volumen de deuda real que no refleja la auditoría y que tapa la LFP. El problema de ser un gigante es que la caída es mucho más dura.

Un infierno para un negocio emocional que va ligado al turismo
La mayoría de los indicadores con que trabaja el equipo de rescate económico del FC Barcelona apuntan a un desastre inmediato. Se hunden especialmente aquellos que van ligados al consumo y al capítulo que más dinero deja en este negocio emocional que es el fútbol. La caída del PIB es un signo de debilitamiento general que se sitúa en un horizonte cercano a una cifra por debajo del -10%. La bajada de la confianza en el consumidor (-23%), ERTOs que pronto rozarán los cuatro millones de trabajadores afectados en toda España, caída del 19% en el poder adquisitivo, una reducción del turismo del 90% y cifras parecidas de pernoctacions y restauración convierten el futuro en un verdadero infierno para un negocio basado en el gasto de productos no esenciales.

Se podría asegurar que el fútbol se había convertido por derecho propio en el primero de los consumos del ocio y del entretenimiento con una gran vitalidad y capacidad de tracción de la economía municipal, catalana y estatal. Ligado al turismo, por supuesto, y a unas dinámicas sociales generadoras también de hábitos y gastos a favor otras actividades del sector. Todo esto ya no existe ni se dan las circunstancias para prever que se recupere pronto. Aunque haya voluntad y ganas, no hay turismo.

Javier Tebas, Pedro Sánchez y los operadores quieren jugar porque no hay plan B
Puede ser que el fútbol televisado acabe ganando esta batalla contra reloj para jugar como sea, sin público, a base de amenazar a los clubes de cerrar el grifo de los derechos de televisión y el gobierno de quedarse sin la subvención que le están ofreciendo para limpiarse la conciencia a favor de los deportes minoritarios. El mismo gobierno de Pedro Sánchez está dispuesto a saltarse las normas que aplica al resto de los deportes y a los ciudadanos impidiéndolos que se entrenen y compitan. Se la están jugando todos, están poniendo en riesgo la salud de unos futbolistas a los cuales también se está forzando a salvar el negocio y, de alguna manera, su propio medio de vida. Para el 97% de los jugadores profesionales de La Liga probablemente es así, como lo es para el 100% de quienes les pagan, los clubes.

Sin embargo, ¿qué puede pasar si algunos cracs deciden que no vale la pena correr el riesgo de sufrir un contagio ni las consecuencias de una enfermedad como la Covid-19, que no está haciendo excepciones en personas jóvenes y sanas como lo son ellos? A la encrucijada a la cual están llevando a los futbolistas desde la patronal, Javier Tebas, la Federación, Luis Rubiales, y los operadores como Movistar o Mediapro puede ser que esté yendo demasiado lejos, con el permiso del gobierno español. Por ahora sigue adelante, entre otras razones porque no hay ninguna plan B ni los operadores están dispuestos a ganar menos dinero.