La relación entre Leo Messi y la directiva de Josep Maria Bartomeu ha entrado en un estado de tensión y de alerta que, según fuentes cercanas a ambas partes, podría acabar en un enfrentamiento si no se reconduce la situación en pocas semanas. En origen, este distanciamiento guarda una relación directa con el fichaje del excolchonero Antoine Griezmann, por quien el FC Barcelona pagó hace un mes, íntegramente y de de golpe, una cláusula de rescisión de 120 millones de euros al At. Madrid.

Según ha trascendido, esta enorme inversión, realizada mediante la contratación de otro préstamo de enorme impacto en la confusa deuda del club, entró en conflicto con la percepción de Leo Messi y de su entorno, en el sentido de que la tesorería pasaba un momento muy delicado, hasta el punto de que el club había solicitado al delantero argentino, como otras veces, el aplazamiento de una parte pesada de su ficha a unos meses vista. Esta fue la información y el ruego transmitidos por la dirección azulgrana a su jugador estrella.

También, como en temporadas anteriores, el padre y representante de Leo, Jorge Messi, entendió las circunstancias y comprender el deseo del club, y aceptó una demora en el cobro de la ficha. Unas negociaciones que coincidieron con otras conversaciones de fondo sobre la estructura del equipo para esta temporada en la cual, inicialmente, no entraba Griezmann.

Al menos esto fue lo que entendió el representante y administrador del crac argentino. Por eso, la sorpresa fue mayúscula cuando se enteró por la prensa de que el Barça había comprado Griezmann por una suma en metálico que, para situarla en el contexto de la economía del club, representa casi el 20% de presupuesto de la temporada actual. Con independencia de la necesidad y acierto del fichaje de Griezmann desde el punto de vista futbolístico, la operación se interpretó desde la parte del delantero argentino como la ruptura del acuerdo de moratoria del pago, fundamentada en los presuntos problemas de liquidez, teóricamente urgentes, expuestos desde el club azulgrana hace unos meses.

Así pues, el cumplimiento íntegro de las condiciones contractuales del club con Messi ha supuesto un revés financiero, imprevisto, que ha secado todavía más la tesorería azulgrana, hasta dejarla muy por debajo incluso de los mínimos más alarmantes. No hay ni un euro, en la caja del Barça.

El peligro de una dirección financiera errática
El sentido de la lealtad y de compromiso hacia el Barça han sido señas identitarias de Leo Messi desde que llegó. Por más que tuvo la oportunidad de irse a otros clubes que le pagaban más dinero y por más vedes que la prensa le preguntaba si acabaría su carrera en otro lugar, el delantero argentino siempre respondió con más hechos que palabras, es decir ganando títulos para el FC Barcelona. El año pasado, cuando finalmente Antoine Griezmann dejó plantadosv a la afición y el vestuario azulgrana, ni Messi ni Suárez ni algunos otros pesos pesados del equipo entendieron la jugada.

De hecho, antes de la final de la Copa del mes de mayo pasado, Messi dijo que no quería hablar más sobre Griezmann en ningún caso, un año después de haberle abierto las puertas. Palabras secas que no predijeron la mejor de las bienvenidas. Sin que esto presuponga una mala relación personal, puesto que Leo y sus hijos celebraron los goles del francés ante el Betis, las circunstancias sí que han enturbiado la cordialidad entre el argentino y la junta, aunque en este caso sería más preciso referirse al mando ejecutivo integrado por el CEO Òscar Grau y, sobre todo, por el directamente responsable de esta situación, el director financiero Pancho Schröder.

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