Josep Maria Bartomeu y su junta directiva han decidido aplazar la sumisión de su cambio de planes sobre el Espai Barça y la aprobación de un nuevo techo de deuda para más adelante, cuando las aguas bajen más tranquilas y se vean capaces de controlar la asamblea de compromisarios. No lo harán hasta que se den las circunstancias favorables. Entonces convocarán la asamblea extraordinaria pendiente que prometió Bartomeu el primer trimestre del año con el motivo de fondo, ya caducado, de presentar a la aprobación de los socios una propuesta de venta de los tittle rights del Camp Nou.

Hoy ya se sabe que esta opción está descartada por falta de interés de los posibles patrocinadores. Pero también ha trascendido que los 600 millones de euros que tendría que costar el Espai Barça ya se han sobrepasado en presupuesto real, alrededor de 700 millones, y que la directiva tampoco podrá ajustarse a la financiación prevista, que contaba con 200 millones avanzados del apellido del Camp Nou y con 200 millones provenientes de ahorro de los beneficios acumulados desde 2014, que tampoco están.

El Barça se ha quedado sin recursos propios y calcula que tendrá que endeudarse más allá de cualquier límite conocido y que esta deuda sólo se puede mitigar a base de perder, anticipadamente, los beneficios del Espai Barça, es decir de estos 70-80 millones suplementarios de ingresos por temporada derivados de la explotación del nuevo estadio. Aún así, al final de este planteamiento seguirá habiendo un crédito que lastrará durante años la economía del club sin posibilidad de recorrer a los beneficios añadidos del gran esfuerzo patrimonial que supone el Espai Barça.

Dado que el año pasado la asamblea acabó en derrota de la mesa presidencial, puesto que no se aprobó ni el cambio del escudo ni tampoco un aumento del crédito, que por estatutos está limitado al 10% de volumen de negocio, en esta ocasión la junta directiva no se ha sentido bastante preparada ni segura para salir victoriosa con una propuesta de reestructuración histórica de su estrategia creditícia y el planteamiento de una arriesgada aventura económica partiendo desde una posición muy débil y complicada de defender.

Cuando salvar el presupuesto depende, cómo ha pasado en el ejercicio vencido 2018-19, de si las ventas de jugadores van bien, teniendo que rezar para traspasar jugadores como Rakitic o recurrir a traspasos puramente contables como el de Cillesen contra Neto con el Valencia, quiere decir que la estructura ordinaria, al margen de la compraventa de activos deportivos, ya hace años que está rota y es deficitaria. Sólo así se explica que las ventas sucias realizadas por 222 millones de euros sólo hayan servido para conseguir apenas 4 millones de beneficio, el más bajo de los últimos años. Peor todavía fue el resultado del anterior, cuando la supercompra de Neymar por el PSG, de 222 millones, con un beneficio neto de más de 150 millones, sólo se tradujo en 13 millones de superávit.

Para evitar margen de riesgo y el debate sobre los problemas de fondos del Espai Barça, a la asamblea del día 6 de octubre próximo la convocatoria se ha reducido a una sesión por la tarde en lugar de todo el día como era habitual. Cuanto menos dure y menos se hable, mejor. Esta es la consigna de los altos cargos ejecutivos del FC Barcelona.