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Aliança Catalana rebaja el listón independentista para crecer

Sílvia Orriols al Parlament de Catalunya

Durante años, Sílvia Orriols ha construido el relato de Aliança Catalana sobre una idea aparentemente innegociable: la defensa de la nación catalana. Más aún, la formación se ha presentado a menudo como la alternativa a los partidos independentistas tradicionales, a los que acusa de haber abandonado la causa nacional en beneficio del pragmatismo, el autonomismo o los pactos de poder.

Por eso no ha pasado desapercibida una de las declaraciones más reveladoras que la líder de Aliança Catalana ha hecho desde que el partido entró en el Parlament. En una entrevista en Ràdio 4, Orriols admitió que en las próximas elecciones municipales habrá candidatos de su formación que no serán «explícitamente nacionalistas catalanes». La justificación fue que algunos perfiles priorizan «la resolución del día a día» y consideran a Aliança Catalana la mejor opción para hacerlo.

La afirmación puede parecer menor, pero representa un giro significativo para una organización que hasta ahora había convertido la cuestión nacional en su principal carta de presentación.

El nacionalismo, un requisito flexible

Desde su nacimiento, Aliança Catalana ha intentado diferenciarse de los partidos independentistas tradicionales presentándose como una fuerza que no solo defiende la independencia, sino que la sitúa en el centro de toda su acción política. La nación, la identidad y el control de la inmigración han sido los tres pilares sobre los que Orriols ha construido su discurso.

Ahora, sin embargo, la realidad municipal parece haber introducido matices. La propia Orriols sostiene que la independencia sigue siendo un «eje fundamental» del partido y asegura que cualquier candidato tendrá que votar a favor de la independencia en aquellas cuestiones que hagan referencia a ella. Pero su admisión implica que el criterio de acceso a las candidaturas ya no es necesariamente compartir de manera explícita el proyecto nacional que ha definido Aliança Catalana desde sus inicios.

La paradoja es evidente. El partido que acusa a Junts, ERC o a la CUP de haber rebajado sus exigencias ideológicas admite ahora que también está dispuesto a flexibilizar algunos de sus principios fundacionales para ampliar la base de candidatos.

La dificultad de encontrar candidatos

Las declaraciones de Orriols llegan en un momento especialmente delicado para la expansión territorial del partido. A pesar del impulso que le atribuyen varias encuestas y el aumento de su presencia mediática, Aliança Catalana sigue teniendo dificultades para construir estructuras municipales sólidas. Diversas informaciones publicadas durante los últimos meses describen problemas para encontrar cabezas de lista, rechazos de perfiles contactados por la dirección y dificultades para consolidar candidaturas en municipios estratégicos.

La situación es especialmente visible en Barcelona. Orriols había anunciado que haría público el nombre del candidato por Sant Jordi, pero finalmente la persona escogida renunció antes de ser presentada. Semanas después, la formación continuaba sin cabeza de lista confirmado para la capital catalana.

Esta falta de implantación territorial contrasta con las expectativas electorales que varias encuestas atribuyen al partido y ha obligado a la dirección a intensificar la búsqueda de perfiles dispuestos a encabezar candidaturas municipales.

Fichajes procedentes de cualquier espacio

El caso más simbólico es probablemente el de Eduard Rel, exmilitante socialista y futuro candidato de Aliança Catalana en Tortosa, utilizado por la propia Orriols para ejemplificar esta política de apertura. La líder del partido defiende que no fiscaliza la procedencia ideológica de sus candidatos y asegura que está satisfecha de incorporar personas provenientes de tradiciones políticas muy diversas.

La cuestión es si esta estrategia representa un ejercicio de pragmatismo o una renuncia parcial a los principios que han definido el proyecto. Para cualquier partido en fase de crecimiento, la necesidad de llenar listas municipales es una exigencia práctica inevitable. Pero en el caso de Aliança Catalana la situación tiene una carga simbólica especial, porque afecta precisamente al núcleo del discurso que ha permitido a Orriols diferenciarse del resto del independentismo.

El precio de crecer

La política municipal acostumbra a ser menos ideológica que la nacional. Las candidaturas necesitan personas conocidas en el territorio, equipos estables y capacidad de gestionar problemas cotidianos. Esta realidad explica que muchos partidos acaben flexibilizando criterios que en otros ámbitos considerarían irrenunciables.

La pregunta es hasta qué punto Aliança Catalana puede hacer este mismo recorrido sin perder parte de su identidad política. Porque detrás de las palabras de Orriols aparece una contradicción difícil de ignorar: el partido que nació denunciando las renuncias de los demás parece dispuesto a asumir sus propias concesiones para poder crecer. Y esto obliga a preguntarse si el proyecto sigue siendo exactamente el mismo que prometió a sus votantes o si, a medida que se acerca al poder, también ha empezado a descubrir los límites de la pureza ideológica.

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