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¿Por qué el homenaje a Samaranch incomoda a una parte de la izquierda catalana?

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Barcelona rindió homenaje este martes a Juan Antonio Samaranch en un acto institucional presidido por Felipe VI, con la presencia de Salvador Illa y Jaume Collboni, que reivindicaron el papel decisivo del expresidente del COI en la elección de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Tanto el Govern como el Ajuntamient destacaron su contribución a la proyección internacional de la ciudad.

Pero la figura de Samaranch sigue generando incomodidad en sectores de la izquierda política y social. El motivo no es su legado olímpico, sino su pasado franquista. Samaranch fue procurador en las Cortes franquistas, delegado nacional de Deportes y presidente de la Diputación de Barcelona durante la dictadura, una trayectoria que sus críticos consideran imposible de separar de su biografía pública.

Este debate no es nuevo. Cuando se planteó por primera vez dedicarle una calle en Barcelona —ahora el PP recupera la idea con la avenida de Montjuïc—, varias voces de la izquierda municipal se opusieron. La exregidora de EUiA Isabel Ribas llegó a calificar de «contradicción» homenajear a Samaranch mientras se eliminaba simbología franquista de las calles de la ciudad.

Las críticas han llegado también desde el periodismo y los movimientos sociales. El exdiputado de la CUP y periodista David Fernández ha recordado en varias ocasiones el pasado franquista de Samaranch y ha cuestionado que los reconocimientos institucionales tiendan a obviar esta etapa de su trayectoria.

Por eso, dieciséis años después de su muerte, Samaranch sigue provocando el mismo debate: si Barcelona debe recordarlo sobre todo como el hombre que llevó los Juegos Olímpicos a la ciudad o también como un alto cargo de un régimen dictatorial del que nunca renegó públicamente.

 

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