Icono del sitio El Triangle

¿Cuánto ha podido costarle al Barça la ‘macarronada’ electoral de Laporta?

Como en el universo laportista cabe cualquier dislate, incluso los detalles más previsibles destilan un olor inherente de «compadreo», amiguismo y una sensación de déjà-vu en torno a determinadas prácticas y hábitos de la actual directiva, a menudo alejados de la ortodoxia y la profesionalidad. Por poner un ejemplo, la «macarronada» que tanto marcó la campaña electoral de Joan Laporta.

La «macarronada» de Laporta fue un acontecimiento estratégico durante su campaña electoral para la reelección como presidente del FC Barcelona en marzo de 2026, que se convirtió en un símbolo festivo de su proximidad con los socios, tan construida como planificada.

El acto tuvo lugar el 22 de febrero de 2026 en el Bar Bocata, un local popular situado en la zona alta de Barcelona. Laporta se puso literalmente en los fogones y cocinó macarrones que luego sirvió a los asistentes, con la ayuda de los propietarios del establecimiento, Quim Crespo y el chef Lucas Urmeneta, así como de Oriol Fernández.

La táctica fue deliberadamente popular —o, más bien, populista—, enfocada a conectar emocionalmente con los socios en un momento clave del proceso electoral. El evento adquirió tanta relevancia que se acabó convirtiendo en un símbolo de la victoria de Laporta, criticado por Víctor Font en aquel contexto por haber pasado «de la pancarta y el asado de 2021 a hacer macarrones y cortar pernil», pero sin presentar propuestas reales para el futuro del club.

Su resonancia mediática se consolidó cuando, tras ganar las elecciones, Laporta lo celebró en Luz de Gas con un concierto del cantante Lo Pau de Ponts, autor de la canción de su campaña electoral, donde llamó «Macarrons!» como lema festivo. El artista incluso le regaló una camiseta blanca, y Laporta no dudó en cantar «macarrones, macarrones, macarrones!», convirtiendo la famosa «macarronada» en una especie de himno de campaña.

A los pocos días, el Bar Bocata fue el encargado de preparar un catering dentro de las instalaciones del club, en una zona VIP, para un evento propio del Barça: un final más que feliz para el Bar Bocata y para aquella aparente espontánea y mágica conexión nacida en un almuerzo de campaña electoral que, es de suponer, no se financió con fondos de la candidatura, sino con la generosidad del establecimiento.

Lo habitual es que, si los animosos propietarios del Bar Bocata, como laportistas convencidos, se hubieran ofrecido a colaborar en la campaña, obtuvieran a cambio algún cargo directivo secundario, unas entradillas o quizás un día en la lonja. Si la recompensa es poder facturar un catering espléndidamente pagado por el club, el resultado es lindo y, sobre todo, confuso, ya que al final no queda del todo claro a quién se han adjudicado las licencias de restauración.

El juego es encontrar diferencias entre el concepto «macarra» y el concepto «macarronada». El riesgo de interpretar que, después de todo, la campaña electoral del presidente se pagó, en parte, con fondos del club, está presente.

Salir de la versión móvil
Ir a la barra de herramientas