El nuevo decreto sobre comedores escolares ya ha empezado a generar debate más allá del ámbito educativo. La normativa, que limita la carne roja, los fritos y los precocinados y apuesta por más verdura, legumbres y productos integrales, entró en vigor la semana pasada con el objetivo de hacer las comidas más saludables.
Quien ha levantado la voz con más contundencia es la cocinera Maria Nicolau. Lejos de centrarse en el contenido nutricional, Nicolau ha puesto el foco en el modelo mismo de menú escolar, criticando que se mantenga el esquema clásico de primero, segundo y postre.
«No tiene ningún sentido que en 2026 sigamos implementando la fórmula del menú del día […] instaurada artificialmente en 1964 por el Ministerio de Información y Turismo franquista de Manuel Fraga«, ha asegurado. La cocinera defiende, en cambio, un modelo más simple y coherente con la cocina cotidiana, basado en un plato central completo. «En casa se hace guisado central completo y ensalada», comenta.
El debate, por tanto, no es solo nutricional, sino también cultural. Mientras la administración pone el acento en la salud, voces como la de Nicolau cuestionan el patrón estructural de las comidas escolares, poniendo sobre la mesa hasta qué punto el cambio real pasa por modificar no solo qué se come, sino cómo se organiza el menú.

