Con la sentencia del Tribunal Supremo confirmando la absolución de Neymar y de dos expresidentes del FC Barcelona Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu, en el denominado caso Neymar 2 o Neymar DIS, el Barça deja atrás una de las rémoras judiciales que el laportismo, en colaboración con el poder de la lonja del Bernabéu, había forjado contra la victoria de Rosell en las elecciones de 2010.
Y, sobre todo, contra la posibilidad de que esta presidencia se prolongara y prosperara en el tiempo, como así fue hasta que desde el propio barcelonismo se conjuró para impedirlo.
Lo más destacado de la sentencia es que el Supremo considera el fichaje de Neymar como impecable, limpio y exento de la menor sospecha de irregularidad, incluyendo y validando los 40 millones que pagó el Barça en concepto de indemnización como tal y no como salario, contradiciendo así la chispa y ominosa la primera sentencia del caso Neymar 1.
El despiste más surrealista y delirante de la historia del Barça comenzó cuando la alarma y el pánico se esparcieron entre la oposición al trascender que a finales de 2011 Rosell había arrebatado sigilosamente a Florentino Pérez ni más ni menos que Neymar, estrella del Santos brasileño que había llegado a pasar revisión médica con el Real Madrid. Rosell cerró, por 40 millones, una opción preferente por los derechos federativos del jugador a partir de que su contrato con el Santos se extinguiera en 2014.
Negociación con el Santos
El guión previsto se alteró en 2013, un año antes, por el efecto coincidente de la necesidad futbolística de adelantar su llegada al Camp Nou y la predisposición del Santos a vender, consciente de que en cuestión de meses se iría como agente libre sin beneficio para el club.
El Santos aceptó negociar su traspaso al Barcelona porque esa era la voluntad del jugador aunque el Real Madrid le puso sobre la mesa un contrato que duplicaba las condiciones y también las del padre de Neymar, el cual era el administrador de la sociedad propietaria de sus derechos futuros.
El Barça tuvo que pagar igualmente al equipo Neymar 40 millones, pero en concepto de indemnización por incumplimiento de aquel acuerdo que preveía inicialmente su llegada al Barça tras el final natural del contrato con el Santos.
Va perdre el Reial Madrid i va guanyar el Barça una batalla que, en la història, seria l’antítesi, o la venjança, del cas Di Stéfano. En resposta a aquest cop inesperat que ajuntava al Barça Messi i Neymar (números 1 i 2 del món en aquell moment) es van desencadenar, conjuntament, la ira de Florentino i del laportisme amb el resultat d’una furiosa i desesperada querella davant l’Audiència Nacional per tota mena de delictes econòmics.
El propósito de la demanda firmada por el socio del Barça Jordi Cases por haber fichado a Neymar era romper la operación, debilitar al Barça, poner a Rosell en la cárcel y arruinar al tridente que formaron Messi-Suárez-Neymar.
La oposición necesitaba desviar la atención ante la opinión pública de que, con el mismo equipo que Joan Laporta había perdido 79 millones en la temporada 2009-10, la nueva junta había ganado aún más títulos hasta 2013 y además acumulado ganancias por más de 200 millones, ahorrados para financiar un tercio del Espai Barça, cuyo presupuesto total era de 600 millones para todo el proyecto.
Retraso judicial
La Audiencia Nacional entretuvo durante meses una querella tan insostenible e infundada que finalmente tuvo que declararse incompetente, resolviendo trasladarla a la Audiencia Provincial de Barcelona con el encargo expreso de abrir juicio por delito fiscal basándose en no haber declarado como salario los 40 millones de la indemnización, más allá de los poco más de 17 millones de coste del traspaso.
En la Audiencia Provincial, difícilmente, el Barça se iba a ahorrar una multa, ya que Hacienda ya había decidido abrir este expediente a instancias de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado. Y no al revés como es habitual, por el hecho de que no existía, ni se ha repetido tampoco después, ningún precedente de esta inversión de los procesos por anomalías fiscales, menos aún después de que la propia Hacienda ya había cerrado y aprobado la liquidación del FC Barcelona del ejercicio 2013 hacía dos años.
Declaración voluntaria
Como los abogados del Barça vieron venir la jugada y, previendo que la Audiencia Nacional recurriría a la carta fiscal como brazo armado de la injusticia, en este caso palmario de acoso procesal, habían anticipado una declaración voluntaria para tributar esos 40 millones como salario del futbolista.
Per aquest motiu, perquè el Barça només podia ser acusat de delicte fiscal per la quantitat del cas i no per dol, l’Audiència Provincial i el Barça van acordar no anar a judici i resoldre el tema amb una mínima sanció de només 5 milions, força allunyada dels 90 milions que plantejava la Fiscalia de l’Audiència Provincial de Barcelona.
Cuando quedó claro que el Barça y los dos presidentes a los que se quería incriminar, Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu, no acabarían en prisión y al Barça sólo le harían pesadillas, la misma mano negra del caso Neymar 1 puso en marcha la maquinaria del caso Neymar 2 o Neymar DIS.
Una querella promovida por DIS, la sociedad que era propietaria de un 40% de los derechos económicos sobre los derechos federativos de Neymar, es decir sobre la venta del futbolista, en desacuerdo por haber liquidado 6,8 millones de los 17,1 millones del traspaso cobrado por el Santos.
Para DIS, la pretensión de la querella era el reconocimiento de abarcar el 40% de los 40 millones de la indemnización cobrada por la sociedad padre-hijo Neymar.
Fracasado y vergonzoso intento judicial de atacar gratuita y perversamente al jugador y a los dos presidentes, Rosell y Bartomeu, que la propia administración de justicia se ha encargado de subrayar con una desestimación que deja las cosas muy claras y para siempre. DIS, con el estímulo de este barcelonismo pernicioso y traidor encarnado en la figura impresentable del socio laportista Jordi Cases, se ha dejado 200.000 euros en costas (o más) para hacer el ridículo.
La demanda de DIS alegaba delitos de corrupción en los negocios y estafa impropia por contrato simulado, argumentando que los 40 millones de euros pagados por el FC Barcelona a N&N (empresa de los padres de Neymar) en noviembre de 2011 ocultaban el coste real del fichaje para mermar su indemnización, que debería haber sido el 40% de un traspaso inflado (alrededor de 25 millones en lugar de los 6,84 millones recibidos por los 17,1 millones). traspaso real en 2013).
Ratificación de la sentencia absolutoria
El Supremo, confirmando la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona de 2022, clasifica explícitamente esos 40 millones como precio por «derechos futuros» o «preferencia/opción» para que Neymar fichara por el Barça al acabar su contrato con el Santos en 2014, cuando sería agente libre, no como un traspaso anticipado ni como parte del precio de los derechos federativos transferidos en 2013.
No los considera salario futuro del jugador, ya que el pacto era un precontrato condicionado a su libertad como agente libre, con el pago como «prima por la opción o preferencia» para asegurar su compromiso exclusivo con el Barça, sin intervención del Santos, que era el titular de los derechos federativos vigentes. Esto se distingue de un salario laboral, que se pactó posteriormente en el contrato de 2013 (con una prima de fichaje de 8,5 millones aparte).
Tampoco los ve como indemnización para adelantar el traspaso, porque el acuerdo de 2011 preveía un fichaje sin traspaso, y el pago no desnaturalizaba el pacto ni generaba obligaciones indemnizatorias para DIS en aquel momento; DIS cobró su parte legítima (40% de 17,1 millones) sólo por el traspaso real de derechos federativos en 2013, negociado entre clubes conforme a la FIFA.
El TS enfatiza que no hay dolo fraudulento: era una práctica contractual deportiva habitual para «reservar derechos futuros», sin perjuicio probado a DIS, y cualquier infracción a las normas FIFA sería administrativa, no penal. El adelanto del fichaje en 2013 fue una «decisión deportiva» del Barça, pagando el traspaso correspondiente.

