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La ciudad, herramienta para combatir los discursos de odio

Las ciudades pueden ser unas herramientas eficaces de lucha contra los discursos de odio. Requieren, sin embargo, de una voluntad firme de llevar adelante este combate, de la construcción de comunidades donde los ciudadanos se sientan cómodos y de la gestión acertada de sus necesidades y aspiraciones. De esta cuestión se habló, el pasado 15 de abril, en el Colegio de Periodistas de Cataluña en el debate organizado por su Grupo de Trabajo de Periodismo Solidario bajo el lema: «¿Pueden las ciudades frenar los discursos de odio?».

El acto, moderado por Paco Martín, miembro del Grupo de Trabajo de Periodismo Solidario, contó con la participación de Joan Subirats, catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona y exministro de Universidades; Marta Galcerán, investigadora del CIDOB especializada en ciudades globales, y Adam Lang, docente y activista norteamericano.

Subirats destacó el papel que juegan las bibliotecas públicas y los centros cívicos de las ciudades y pueblos como herramientas que dan sentido y cohesión a las comunidades frente a una sociedad que los poderosos necesitan que cada vez sea más individualizada y esté más fragmentada. Para él, «las ciudades pueden evitar las lógicas de separación y pueden hacerlo mejor que escalas superiores de poder». Necesitan, sin embargo, un porcentaje superior del reparto del dinero público que el que tienen actualmente. Sólo un 13% de este dinero es gestionado por los ayuntamientos mientras que en los países nórdicos este porcentaje llega hasta el 60%. «La ciudad tiene muchas incumbencias y pocas competencias», afirmó.

«Hace falta discurso, datos y hechos»

La investigadora del CIDOB destacó el combate de los ayuntamientos de Estados Unidos contra las políticas que ha pretendido imponer la administración Trump a sus ciudades en materias como la inmigración, con la intervención violenta de las patrullas del ICE, o el medio ambiente. Recordó el acuerdo de varios ayuntamientos de ese país para hacer frente conjuntamente a los efectos del cambio climático y afirmó que con el discurso no basta. «Hace falta discurso, datos y hechos», dijo. Señaló que las ciudades suelen ser más progresistas que las comunidades o los estados y que los alcaldes, que cada vez están más sometidos a los discursos de odio y las noticias falsas, pueden ser actores geopolíticos eficaces contra los intentos de erosionar las democracias. «Las ciudades pueden frenar estos discursos o, como mínimo, intentarlo», concluyó.

Adam, que vivió muchos años en Chicago y que ahora es profesor en Terrassa, reclamó que «no solo hay que combatir las mil mentiras de Trump sino que hay que tener un discurso propio». Afirmó que los ayuntamientos aún deben gestionar el pasado racista de las ciudades que ha llevado a que la expectativa de vida en Estados Unidos todavía sea superior en los ciudadanos blancos que en los negros y que haya más población infantil negra pobre que blanca. Contra los discursos de odio pidió más implicación de las administraciones y los periodistas y más liderazgo dispuesto a hacerlo. «Si no los intentas frenar, se te acaban comiendo», dijo.

Este fue el cuarto debate que el Grupo de Trabajo de Periodismo Solidario en el marco del ciclo «Diseccionemos los discursos de odio», que tendrá una quinta sesión el próximo mes de mayo y que busca formar a los profesionales de la comunicación para evitar la difusión de los mensajes de odio y ofrecer una perspectiva ética y solidaria.

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