Escribo estas líneas a pocos días de la finalización del Ramadán que dará paso al momento del año que la tradición católica conoce como Semana Santa. Coincide en que ambas celebraciones son movibles en el calendario ya que se fijan según el ciclo lunar. En el caso de la Semana Santa el domingo de Pascua, el de Resurrección, se celebra el primer domingo después de la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera.
Coincide también en que estas celebraciones religiosas invocan a un Dios creador, omnipotente, misericordioso, compasivo, alfa y omega del universo y que incluso comparten determinados personajes bíblicos.
Este año, el domingo de Resurrección tendrá lugar cuatro años y dos meses después del inicio de la guerra de Ucrania, tres años y seis meses después del inicio de la guerra de Gaza y un mes después del inicio de la guerra de Irán, conflictos todos ellos activos. Además hay que tener en cuenta los conflictos en el Sahel, Afganistán, Yemen y la amenaza sobre Cuba. Por tanto, más que Semana Santa son ya muchas las semanas de pasión, de sufrimiento, de muerte.
Coincide también en que, al menos tres de estos conflictos bélicos, están patrocinados por una teocracia declarada y otras dos aparentes. Irán está presidido por un clérigo ayatolá (señal de Dios) que reúne las condiciones de líder religioso y civil. Israel, en sentido estricto, no es una teocracia, pero la religión tiene una fuerte influencia en su actual gobierno. Israel se considera el pueblo escogido por Dios y ocupa el territorio prometido, ¿por quién? por Dios, claro. Y Estados Unidos de América va camino de ser una teocracia. Sólo hay que tener en cuenta la imagen del pasado 6 de marzo en la que se pueden ver en el Despacho Oval de la Casa Blanca a una veintena de pastores, autodenominados evangélicos, extendiendo la mano y otros tocando a Trump mientras imploran a su dios que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente y Señor, que le guíes. Trump el nuevo enviado por dios, el nuevo mesías. Y por las bambalinas un tal Peter Thiel. Supuestos líderes escogidos por el dedo de dios. Nada que ver con ese dedo de Dios, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, que se acerca al de Adán para insuflarle la vida mientras Adán no parece muy decidido a recibirla.
Aquí, en España, tenemos alguna experiencia. Durante la dictadura franquista, las monedas representaban al dictador de perfil y a su alrededor figuraba la leyenda Francisco Franco Caudillo de España por la G. de Dios. Ya de mayor supe que la -G- quería decir gracia. El caudillo, un chico adelantado en su tiempo. Pero no es necesario perder la esperanza. Sílvia Orriols apunta maneras.
Si Dios, realmente existe, debe estar hasta el gorro de todo ese grupo de estúpidos. Porque hago una aclaración. No hay que confundir religión, en tanto que manifestación o sistema de creencias referido a inquietudes espirituales sobre el misterio de la vida, con el mal uso y la manipulación que desde el poder se pueda hacer para reforzarlo y mantenerlo. Lo mismo puede decirse de la política y la politiquería. Es necesario defender la libertad de religión en tanto que ámbito privado de creencias y conciencia y la política como instrumento para llegar a acuerdos de mejora de las condiciones de vida individual y colectiva. Las religiones y la política, así en general, no son la razón de todos los males. ¿Y mientras qué podemos hacer la gente de a pie? Mantener la capacidad de indignación y movilización. No perder la sensibilidad e interés sobre lo que ocurre en el mundo. Por ejemplo no dar por sentado que el conflicto de Gaza ya está solucionado, como nos hemos despreocupado de las mujeres de Afganistán. Salir a la calle, hacer ruido, movilizarnos, ser insistentes. Otra idea. Del 11 de junio al 19 de julio está previsto que se celebre la Copa del Mundo de fútbol en México, Estados Unidos y Canadá. Y de por medio hay algo que se llama FIFA y otro personaje de terror llamado Infantino. ¿Podría prosperar el boicot a jugar en los Estados Unidos de América? Otras iniciativas han prosperado en celebraciones deportivas o en Eurovisión.
Y finalmente en estos días, de supuesto recogimiento y diálogo interior, propongo dejarnos llevar por la sublime música de la Pasión según San Mateo de Johan Sebastian Bach. Y si resulta que es mucha tela al menos escuchar el Aria Erbarme dich, mein Gott (apiadate de mí, Dios mío, date cuenta de mi llanto, mira mi corazón, y mis ojos que lloran amargamente. Ten piedad de mí). Es una propuesta de placer estético, pero también de ejercicio de empatía, de compasión, de tener en cuenta al prójimo, sí, como el buen samaritano poniéndonos en los zapatos de aquellos que ahora, ahora, sufren a causa de las guerras montadas por los poderosos que nunca están en el frente. NO A LAS GUERRAS, SÍ A LA COMPASIÓN.








