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Es hora de que Víctor Font dimita como líder de la oposición en Laporta

El elemento más destacado de las elecciones al Barça del domingo pasado es la polarización. Esto sirve para extraer conclusiones aún más claras de un resultado que, aunque habla por sí solo de la enorme distancia a la que Víctor Font se encuentra de conseguir la presidencia, debería poner el foco en si su carrera de fondo en el escenario barcelonista ha acabado definitivamente.

Font encajó la derrota inapelable de Laporta con deportividad, dejando un mensaje poco confuso sobre su futuro en el sentido de que no cerró la puerta a la posibilidad de participar en un tercer intento en la presidencia.

Su figura ha voleado en el entorno azulgrana desde que decidió, en tiempos de la presidencia de Josep Maria Bartomeu, aparecer como oposición y de forma activa, además, como líder de la plataforma ‘Sí al futuro’. La hemeroteca sitúa en 2013 sus primeros pasos como activista crítico para, años más tarde, en 2018 adquirir el compromiso formal ante la opinión pública barcelonista de ser candidato a la presidencia aunque este posicionamiento ya era bastante evidente desde el momento en que Bartomeu ganó las elecciones de 2015.

Se puede afirmar, sin margen de error, que Víctor Font es el candidato perdedor de la última década, un barcelonista que no tuvo el valor de presentarse en 2015, que luego estuvo molestando continuamente a Bartomeu cuando el club ya ingresaba casi 1.000 millones, una cifra similar al presupuesto del ejercicio 2025-26, el Barça era el club más rico del mundo según Forbes y la dupla Messi-Neymar prometía mantener el liderazgo mundial de un equipo irrepetible.

Víctor Font, con especial acritud y regularidad, ha dedicado buena parte de su vida ociosa y de sus recursos propios a socavar, degradar y manipular a favor de sus intereses mediáticos esta realidad azulgrana, jugando un papel de cómplice destacado y de portavoz de la brutal campaña contra la etapa directiva de Sandro Rosell y de Bartomeu de la que ambos han sido víctimas desde 2010, promovidas desde las cloacas del Estado y de la Generalitat con la única finalidad de impedir la longevidad del mejor equipo de todos los tiempos bajo el indiscutible y genial liderazgo de Messi.

Guión antibarcelonista

Se puede conjeturar también sobre Víctor Font, que su hoja de servicios y conducta han respondido mucho más a un guión antibarcelonista que a cualquier otra cosa, sobre todo porque no dudó en mostrarse como enemigo cotejo de la gestión de Bartomeu, crítico feroz incluso cuando el equipo ganaba la Liga con superioridad y siempre llegaba, como mínimo, en los cuartos o semifinales de Champions.

En cambio, aunque muy pronto, en solo unos meses de fatídica, temeraria y desacertada ocupación de la presidencia y aún peores decisiones en materia económica y financiera, Joan Laporta ya había arrastrado al Barça al pozo sin fondo de las palancas falsas, el fair play excedido para siempre y a una deuda imposible de devolver, Font se escondió cobardemente bajo un perfil de opositor complaciente y servil, temeroso y, sin duda, ‘dormido’, a todos los efectos.

En 2021, siendo el candidato del establishment catalán y beneficiario único de todos los resortes activados por el poder de la plaza de Sant Jaume contra Bartomeu, finalmente se dejó perder todo el terreno ganado a lo largo de años de incansable acoso y derribo a aquella directiva por un Laporta que, con cierta habilidad y con los peores modos electorales, trampas, engaños y mentiras, sí apareció como la única ‘solución’ al fortísimo impacto de la Covid.

Laporta y Font, negacionistas de la pandemia, compitieron por un liderazgo ‘contra’ Bartomeu en un duelo donde el aspirante de Granollers y sus discursos fríos, calculadores y tecnócratas no tenían nada que hacer. Todo su trabajo como opositor implacable de Bartomeu le acabó regalando la presidencia al mandamás, charrúa y oportunista Laporta.

Se ve claramente que Font no ha acertado en su largo historial de perdedor, que sólo ha llenado un vacío limitado de los socios que abominan de Laporta y del voto útil residual, del todo insuficiente contra el ‘monstruo’ en el que la prensa y las redes sociales han convertido a Laporta, cada vez más, en la cabeza visible de una secta fanatizada. que de un barcelonismo con el ‘seny’ necesario para votar desde una perspectiva más objetiva y desprovista de cualquier capacidad analítica y crítica.

Víctor Font no la acertó como el implacable acosador que fue contra Bartomeu para atraer el voto mayoritario de los socios ni ha sabido, con la estrategia contraria de fiscalizar la presidencia de Laporta a distancia, prudentemente y con más vacaciones que nadie, seducir a los barcelonistas como el candidato imprescindible del cambio necesario, fuerte y determinado para limpiar toda la porquería que Laporta ha acumulado bajo la alfombra y de sacar al Barça del estado de ruina y empobrecimiento diez veces peor que la herencia presunta y criminalizada de Bartomeu entre la que se encuentra, por cierto, el 80% del actual primer equipo, estrellas incluidas.

Errático y equivocado

Para ser convincente ante el barcelonismo y señalar acusatoriamente la gestión estrafolaria y ruinosa de Laporta, el candidato Font no tenía otra alternativa que hacer pivotar su ataque electoral desde otro punto de partida radicalmente opuesto en el sentido de que las reservas del Barça de Bartomeu eran considerablemente más sólidas que el solar, la desertización y los crímenes financieros del legado de Laporta desde 2021.

Tarde, mal, errático y equivocado. Víctor Font, ni en el más deseado de los escenarios, un cara a cara final en las urnas, ha mejorado sus registros de 2021. Debe asumir, coherentemente, que para él también ha llegado el momento de retirarse y dejar de apelar a un futuro lejano bajo su liderazgo como la única manera de escapar del imperio napoleónico, totalitario, pirata y decadente del laportismo.

Ya tarda en asumir que la oposición necesita refrescarse y encontrar a sus propios y nuevos líderes. De hecho, los necesita más que nunca y no deben ser ni millonarios en paro como Font ni predicadores de mesa y servilletas como Evarist Murtra y mucho menos vividores y personajes oportunistas tan alejados de las esencias del barcelonismo como Joan Camprubí, además de cobarde, Ricard Font, Jaume Guardiola, Marc Duch o el súper ‘trampas’ Marc Ciria. Hacen falta barcelonistas valientes y honrados. Deben quedar, seguro, en algún rincón de la galaxia.

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