Laporta solo tiene seis meses de tregua y no cinco años de impunidad

En 1997, cuando Núñez ganó las elecciones por el mayor porcentaje histórico de 76,3% a su favor, el Elefant Blau de Laporta presentó un voto de censura solo medio año más tarde argumentando que el Barça estaba en quiebra técnica y amenazado de SA

Las trampas en una jornada de reflexión las patentó Joan Laporta en las elecciones de 2015 cuando las vio pérdidas frente a Josep Maria Bartomeu y recurrió, desperado, a su irreprimible instinto de vivir la vida a base de gamberradas e indisciplina, como admitió recientemente en una entrevista a Jordi Basté, incluyendo detalles sobre el robo de exámenes y de apelas a todas las trampas adolescentes a su alcance con tal de aprobar sin estudiar.

Así fueron los inicios del joven Laporta al mando de su primera banda escolar con Rafa Yuste y Alfons Godall. “Me expulsaron de los Maristas -explicó satisfecho- por ausencias reiteradas, faltas de respeto y robar exámenes”. En homenaje personal a ese pasado, el primer despido fulminante de Laporta cuando salió elegido presidente en 2003 fue el del violinista que tocaba en el antepalco del Camp Nou tras identificarlo como el profesor de música que había instruido su justifica expulsión del colegio.

La cara resentida y radicalmente rencorosa de Laporta es la menos viralizada y la menos conocida bajo su aparente carisma y jovialidad. El personaje esconde un agrio, implacable y retorcido sentido de la venganza, frio y calculador -de verdad- ‘contra todo y contra todos’ a quienes, desde su perspectiva, considera enemigos.

Destruirlos a ellos y su obra es de hecho su gran y única motivación, su credo y el fuego interno que alimenta su desmedida ambición y sentido del gobierno muy por encima de esa falsa retórica sobre la estima y la defensa de la institución.

Que se lo pregunten, si no, a Josep Lluís Núñez, a Sandro Rosell a Bartomeu y a cualquier otro socio que le haya discutido o ensombrecido. Lo que peor lleva es, frente al resto de presidentes que sí han antepuesto los intereses del Barça a sus propósitos privativos, personales y egoístas, la evidencia de su infinitamente menor talento para la gestión, el reconocimiento de la honestidad de esos rivales -pues él ha desarrollado una alergia enfermiza a cualquier buena praxis, transparencia y respeto y cumplimiento estatutario- y sus resultados económicos y financieros, sólidos y patrimonialmente solventes frente a sus espantosas y dramáticas cuentas.

Laporta mide su éxito en función de hasta dónde puede humillar y castigar a sus competidores, a Núñez porque de joven no soportaba y abominaba de los socios del “imserso”, de aquella generación que llenaba las asambleas, y al resto (Rosell y Bartomeu) porque, además de la paliza que le han dado en títulos, beneficios y proyectos, también le han batido en las urnas.

Rosell sigue siendo el presidente más votado de la historia y a Bartomeu no le perdonará nunca que, además de superarle en el mano a mano de las elecciones de 2015, lo ridiculizara en el debate final enseñando su propuesta de gobierno, apenas un tríptico con cuatro frases, sin programa, auténtico reflejo de sus dos únicas virtudes conocidas, la de ser un agitador, esto es, solamente sentirse cómodo cuando puede fijar un enemigo y atacarlo con todas sus fuerzas, y la de mentir de forma compulsiva, perversa y maniquea para controlar -su otra especialidad- el relato mediático y el pensamiento único de la opinión pública barcelonista.

Volviendo a la víspera y las votaciones del 18 de julio de 2015, Laporta se saltó la normativa electoral de aquellas elecciones, primeramente, urdiendo junto al periodista Alex Santos la publicación de una larga entrevista el sábado antes de la jornada dominical de votación a través de la agencia Efe, canal que, por contrato, tenía la capacidad de publicarla automáticamente en cientos de portales digitales, sin control previo editorial ni redaccional.

Un gol por la escuadra a los medios que Laporta le recompensó más tarde con el cargo de jefe de prensa de la campaña de 2021 y luego como dircom del FC Barcelona hasta que lo despidió hace unos meses para felicidad de decenas de empleados y cientos de periodistas.

Esta es la ética de Laporta, que el fin propio, personal y de beneficio directo a favor de sus intereses justifican cualquier acción, decisión o maquinación, indiferentemente de su legalidad. Con preferencia, porque así es más divertido, jugar al margen de la ley y de la normativa, como ocurrió en el día de las votaciones de aquellas elecciones en las que Laporta, Enric Masip, Èric Abidal o Audie Norris, entre otros miembros de la candidatura, iban y venían del acceso del estadio a las mesas con socios a los que agarraban del brazo y acompañaban a votar contraviniendo el reglamento y las consignas de la Junta Electoral.

Los propios socios, voluntariamente, denunciaron estas maniobras ante la Mesa Electoral, que a punto estuvo de adoptar medidas severas contra la candidatura de Laporta por una infracción grave.

Lo evitó la propia candidatura de Bartomeu, rechazando formalizarla, precisamente ahorrarle al barcelonismo otra de  pataletas, lo que siempre hace cuando, a menudo, se queda sin argumentos ni razones como eso tan manido de “contra todo y contra todos, que no es más que eso, su pataleta de siempre, recurrente, para aparecer ante el mundo como una mezcla cómica de Braveheart, Kennedy y el Timbaler del Bruch, bramando mediáticamente como nadie para desenfocar la realidad, manipularla y domesticar a las masas.

Lo que hizo Laporta en 2015 tras perder de goleada ante Bartomeu, a pesar de las muchas tretas, fraude y trucos baratos intentados y fracasados, fue irse a casa sin felicitar siquiera al ganador porque básicamente, también, es alguien maleducado, envidioso y rencoroso que, en el fondo, disfruta más de las desgracias ajenas que de sus éxitos como esa longevidad más que destacable en el cargo de presidente del FC Barcelona cumplidos ya doce años de mandato y cinco en cartera.

Otra cosa es el legado, su balance, más que discutible si se mide por resultados financieros, camino de los 300 millones de pérdidas y una deuda evaluada en casi 5.000 millones, mientras que en el ámbito deportivo sus títulos son y serán los mismos que habría conquistado la Masia con cualquier otro presidente, siendo Laporta, contradictoriamente, quien más inversión le ha negado, prefiriendo y desviando parte de su presupuesto al gasto en fichajes como Keirrisom, Henrique, Vítor Roque de turno o los Joao.

Rosell y Núñez ganan a Laporta

Laporta, aunque ha acumulado ahora 32.934 votos con un porcentaje del 67,93%, no es el presidente más votado de la historia, pues lo sigue siendo Rosell con 35.021 votos, ni tampoco lidera el porcentaje destacado de Núñez en 1997 con el 76,3% a su favor.

De esas elecciones, Laporta guarda el amargo recuerdo de haber militado en la candidatura de Àngel Fernñandez, que resultó literalmente aplastada por un barcelonismo que refrendaba así haber destituido a Johan Cruyff un año antes.

Pero también retiene en la memoria que fue por esa época, dolorido por esa derrota cuando, a los pocos meses, encontró respaldo y financiación para armar y darse a conocer como la cabeza visible del Elefant Blau finales del mismo año 1997 y acto seguido promover un voto de censura contra Núñez, es decir apenas seis meses después de las elecciones.

Aunque no consiguió las firmas necesarias en los 14 días previstos por los estatutos, Núñez le permitió prolongar el plazo y finalmente, el 14 de marzo de 1998, votarlo con el resultado 14.358 votos a favor del voto de censura y 24.863 en contra, a favor de la continuidad de Núñez, a quien Laporta acusó de haber arrastrado al club a un estado de quiebra técnica, de la amenaza inminente de su conversión en SA, de una política deportiva errática y del abuso de convocar elecciones en julio, al final de la temporada.

Según las memorias, el patrimonio neto del FC Barcelona era de 55,4 millones (hoy es de -152 millones) y el beneficio del ejercicio 1996-97 había sido de 9,2 millones, poco que ver con los 107 millones de pérdidas de la temporada 2024-25.

En definitiva, que la oposición a Laporta está legitimada, por analogía con la dinámica social que él le impuso a Núñez cuando irrumpió en la vida azulgrana, para realizar campañas activas contra su gestión y, con motivos de sobra, comparados con sus planteamientos de 1997 y la situación de extrema precariedad de 2026, para activar un voto de censura.

Laporta tiene 100 días de cortesía y seis meses de colchón antes de que algún socio le pueda presentar batalla. En ningún caso cinco años de inmunidad y de impunidad. El Barça es así, sobre todo por su culpa.

(Visited 90 times, 8 visits today)

hoy destacamos

Deja un comentario

Noticias más leídas